Los estados verdugos
La pena de muerte no aparece como la solución definitiva de graves delitos, por lo que se requieren otras medidas penales y sociales.x
Durante 2009, se aplicaron en todo el mundo 5.629 penas de muerte a personas acusadas de haber incurrido en delitos graves, punibles con la pena más cruel. China, con más de cinco mil ejecuciones (88 por ciento del total), encabeza la macabra estadística, seguida por Irán, con 402; Irak, 77; Arabia Saudita, 69; Estados Unidos, 52, y Yemen, 30. Los datos no reflejan totalmente la realidad, porque en algunos estados autoritarios no se suministra información (o se lo hace de manera tardía) acerca del cumplimiento de las sentencias.
Excepción hecha del norteamericano, los estados verdugos son dictaduras monopartido (como China); autoritarios, como Irak y Yemen, o teocráticos, como Irán, Arabia Saudita y Yemen. De ahí que en el informe anual de la organización no gubernamental No Toquen a Caín, la cuestión de la abolición de la pena de muerte esté unida en forma inescindible con la implantación y el fortalecimiento de sistemas democráticos y pluralistas; 43 países mantienen aún la pena de muerte y, de ellos, 36 son dictaduras.
Según las evaluaciones de las ONG abolicionistas, los mayores progresos se han registrado en África. En estos días, Jean Ping, desde 2008 presidente de la Comisión de la Unión Africana, recibió el premio "Abolicionista del año", que se otorga a personalidades que trabajan con intensidad y continuidad en el frente de la moratoria de las ejecuciones. Ping se había desempeñado como ministro de Relaciones Exteriores de Gabón y, como tal, condujo una exitosa campaña contra la irracionalidad de la presunción de que la pena de muerte es un disuasivo de graves delitos.
Por contraste, se ha producido un preocupante avance en países de mayoría musulmana, donde la pena de muerte es un elemento básico de la sharia , es decir, el derecho islámico, que, sobre todo en el shiísmo, suele depender de las interpretaciones de los ulemas (estudiosos de leyes).
Se da, así, la contradicción de que un delito castigado con la pena capital en un país de mayoría shiíta sea de relativa gravedad en un país vecino, de mayoría sunita. Algunos shiítas no vacilan en ordenar formas aberrantes de asesinatos, como la lapidación, aún vigente en Irán, donde no menos de una decena de personas aguardan la consumación del aberrante martirio.
El tema de la pena de muerte suele ser insinuado como la mejor medicina ante delitos aberrantes que se cometen en la Argentina, como el que sucedió recientemente en la Capital Federal, donde una embarazada fue atacada a balazos luego de ser objeto de un robo planificado. Finalmente, el bebé murió y la madre aún permanece en grave estado, lo que volvió a despertar el reclamo de penas más duras para los delincuentes. El castigo extremo, como lo demuestra la estadística, no es una solución disuasiva. Está claro que se requieren otras medidas penales y sociales para desterrar la violencia en los graves delitos.

