Lo que falta junto a las videocámaras
Instalar videocámaras al frente y en los alrededores de las escuelas es una buena medida, pero no resuelve el grave problema de la violencia en los colegios, que requiere políticas de inclusión.
La instalación de cámaras de video al frente y en los alrededores de las escuelas, si bien puede contribuir a bajar los índices de varios delitos, no puede considerarse en sí misma como una panacea. Son varios los factores que concurren en este tipo de procedimientos y la intervención humana se hace imprescindible para la consecución de los objetivos propuestos. No basta sólo el uso de la tecnología en la lucha contra la delincuencia; debe ser acompañada por políticas integrales contra la delincuencia y también para desterrar la violencia en las escuelas.La Policía de Córdoba tiene instaladas 91 cámaras en la capital provincial, lo que ha permitido la detención de un promedio de mil personas por mes. Según el Centro de Control Operativo de la repartición, el mes pasado se recuperaron 50 autos que habían sido robados y se estima que en los lugares críticos se logró bajar a la mitad la cantidad de hechos delictivos. A modo de ejemplo se cita una zona considerada emblemática, como la Plaza de las Américas, en cuyos alrededores se producen numerosos arrebatos, robos de toda clase y hasta se detectaron casos de tráfico de drogas.Sin embargo, una destacada especialista en temas de seguridad social dijo que "es poco realista imaginar que los sistemas de videovigilancia ejercerán un efecto continuado por sí solos". Agregó que recientes estudios realizados en Europa demostraron que esos sistemas tienen una influencia mínima en la disminución de delitos violentos, aunque mostraron su efectividad en la recuperación de vehículos robados. Tampoco la compraventa ilegal de drogas es detectada en una escala apreciable por este sistema, lo que confirma que la investigación y el control minuciosos son fundamentales en la prevención y represión de ciertos delitos, aunque las nuevas tecnologías puedan ser de gran apoyo en el accionar policial. No hay que generar, pues, expectativas exageradas sobre el uso de la videovigilancia, sino darle el lugar que corresponde; es decir, es una herramienta importante, cuya efectividad se medirá según los casos.Con buen criterio, las autoridades provinciales decidieron que las videocámaras estén situadas al frente y en los alrededores de las escuelas y no en su interior, ya que la experiencia aconseja no implantar sistemas de vigilancia interna, a los que se resisten docentes y alumnos. Sentirse vigilados de manera constante por una cámara no es bueno ni para unos ni para otros, lo que ratifica que la violencia en las escuelas –que existe y en grado sumo– debe ser encarada con políticas educativas y de inclusión social, para sumar a los educadores y educan-dos en la tarea de construir una sociedad más tolerante. Sean bienvenidas las videocámaras, pero este logro no debe posponer las otras tareas.

