La muerte que agitó un viejo debate
El foco en casi todas las reflexiones oídas se ubica sobre el juicio que le deparará la historia a este líder indiscutible del siglo 20 que comandó la Revolución Cubana en 1959 y cuyo proceso se extiende hoy de la mano de su hermano Raúl Castro.
Los rumores sobre el delicado estado de salud de Fidel Castro, que se encendieron hace una década, desataron un debate a escala global que ahora, con su muerte, se reproduce y se profundiza. El foco en casi todas las reflexiones oídas se ubica sobre el juicio que le deparará la historia a este líder indiscutible del siglo 20 que comandó la Revolución Cubana en 1959 y cuyo proceso se extiende hoy de la mano de su hermano Raúl Castro. El final era previsible: sus detractores ensayan juicios de valor críticos respecto del poder autocrático que ejerció Fidel durante más de 50 años, sobre la base de cercenar las libertades de miles de habitantes de la isla que renegaban del régimen.En cambio, y más allá de las ideologías marcadas a fuego desde los años de plomo de la Guerra Fría y la alianza incondicional de Cuba con la entonces Unión Soviética, quienes veneran a Fidel ponderan los aportes que hizo en materia de salud, educación y otros servicios sociales esenciales en la isla, pese a la fatigosa estrechez que imponían los bloqueos económicos, sobre todo desde los Estados Unidos inmediatamente después de la toma de La Habana y el desalojo del poder de Fulgencio Batista.Nadie, sin embargo, podrá objetar o desconocer que Fidel Castro fue una de las figuras más influyentes y emblemáticas en el mundo durante la segunda mitad del siglo pasado; aun con sus alineamientos cerriles con poderes cuestionados y su módica predisposición a ensayar una apertura política en su país, que diera cabida a una dirigencia de opositores jóvenes signados por el destrato y muchas veces empujados a emigrar sin destino. La suma del poder no cesó hasta que su salud entró en franco deterioro y su hermano Raúl, sucesor natural, tomó las riendas de un país en declive, que ameritaba políticas de mayor expansión, en dirección a un mundo donde las inversiones y los negocios han sobrepasado claramente a las ideologías duras e inamovibles de antaño.Fidel Castro será recordado como el líder controvertido de aquella revolución de finales de la década de 1950 que marcó a varias generaciones y que alumbró verdaderas leyendas, como Ernesto "Che" Guevara. De todas maneras, será siempre complejo dirimir las controversias colectivas entre quienes lo reverencian y prácticamente le rinden culto y los que, con sólidos argumentos, lo ubican como un dictador implacable y reacio a las autocríticas.Sería saludable despojarse de los discursos inflamados (de los que no fue ajeno el propio presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump) y reflexionar desde un análisis sereno y reposado sobre lo que significó en todos los campos de la política este líder polémico, cuya muerte sacudió ayer al mundo entero.

