La madre de todos los males
Nunca el apuro es buen consejero. Menos aún en la gestión pública, donde el cumplimiento de las normas es garantía de transparencia para los ciudadanos.
¿Es una decisión progresista demoler la Casa de Gobierno? La polémica seguirá instalada en Córdoba por décadas y siempre habrá argumentos a favor y en contra de la medida. ¿Era impostergable hacerlo? Nunca lo sabremos. Porque las pruebas del supuesto estado ruinoso de la sede gubernamental –argumento oficial para iniciar los trabajos sin demora– desaparecen con cada golpe de topadora. Y se vedó el ingreso de la prensa para documentar los días finales del inmueble. Pero aun si fuera cierto que resultaba más caro mantener el edificio que demolerlo, hay un aspecto central: ¿era posible desmantelarlo de manera más prolija, menos costosa y con menor impacto ambiental y social? Sí, sin duda alguna. En este último punto, no hay discusión posible. Y el Gobierno provincial lo sabe. Pero las urgencias electorales pudieron más y la orden fue clara: hay que avanzar contrarreloj; el parque debe quedar inaugurado antes del fin del actual mandato. Se confunde así ejecutividad con apuro; obra de gobierno con obra de este gobierno; necesidad social con necesidad partidaria. La celeridad es, en este caso, la madre de todos los males. Si hasta los representantes de las empresas contratistas lamentan demoler "de apuro", sin rescatar materiales reutilizables.¿Acaso era esperable que no hubiera desprolijidades? Veamos: el anuncio del parque y, por ende, del traslado de la sede de gobierno se hizo el 19 de noviembre; la ley de creación del parque fue sancionada el 29 de diciembre y de inmediato se inició la mudanza; el desmantelamiento comenzó el 5 de enero; tres días después, ya caían los primeros muros, y hoy más de la mitad del predio es tierra arrasada.Una semana atrás decíamos que la mudanza apresurada, meses antes de inaugurar el nuevo Centro Cívico, generaba gastos y complicaciones innecesarios y que los cordobeses no debíamos resignarnos a que el único modo de hacer obras es a hurtadillas y contrarreloj. Desde entonces, la capacidad de asombro fue rebasada una y otra vez. Y nada ni nadie parece ser capaz de poner freno al despropósito.Las causas judiciales cambiaron de fiscal con la misma celeridad con que actúan las piquetas; luego de que el Gobierno diera detalles del futuro parque, se supo que el proyecto había sido ilustrado con imágenes bajadas de Internet, y el ministro de Obras Públicas hizo una insólita fundamentación del convenio firmado con tres cámaras empresariales para que sean éstas las que contraten los trabajos, al explicar que no se hacen licitaciones públicas "para ganar tiempo y dinero".El tiempo y el dinero seguramente influyeron para que los escombros (muros, techos, hierros, maderas y hasta expedientes "viejos") fueran arrojados en la costa de la Cañada y no en el predio autorizado. Y fue este diario el que alertó. Porque, para ganar tiempo y dinero, nadie controló a los subcontratistas. O hizo la vista gorda, ya que es difícil creer que no fuera también por tiempo y dinero que se aceptó que los desechos se arrojaran en un predio mucho más cercano, aun cuando contaminaran las aguas. Ahora hay que confiar en que por tiempo y dinero no se haya dejado de actualizar el inventario de bienes y útiles, documentación y obras de arte de la vieja sede de gobierno. Porque decisiones apuradas, vale repetirlo, son la madre de todos los males.

