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La desmesura de la corrupción

El castigo de los actos de corrupción debe ser ejemplar, para evitar que esta tentación pueda alcanzar a la actual gestión. 

16 de junio de 2016 a las 12:06 a. m.
La desmesura de la corrupción

J osé Francisco López fue secretario de Obras Públicas de la Nación entre 2003 y 2015, durante las gestiones de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. El martes fue detenido tras ingresar a la madrugada a un convento en la localidad bonaerense de General Rodríguez, con la intención de ocultar valijas con casi nueve millones de dólares, y otros valores. López –elegido miembro del Parlasur en octubre de 2015– presentó una austera declaración de bienes. Esa declaración no justifica los valores incautados al exfuncionario, quien ahora está siendo investigado por supuesto enriquecimiento ilícito.Desde 2008, ya existían presentaciones de la oposición para que se investigara a quien fue una figura muy cercana al exministro Julio De Vido. Ambos exfuncionarios recibieron numerosas denuncias de corrupción por la adjudicación discrecional y sobreprecios de obras públicas. Pese a las presentaciones, López y De Vido no fueron indagados durante la administración kirchnerista. Las causas comenzaron a agilizarse después del cambio de gobierno.Lo que resulta indiscutible es la desmesura de la corrupción que habría impregnado los actos de los principales exponentes del kirchnerismo. La corrupción se hizo visible cuando un grupo de jóvenes empresarios –ligados a Lázaro Báez– contaba millonarias cantidades en "la Rosadita", y en el intento de López, ahora, de ocultar decenas de fajos en un convento.Ambos actos generan una justificada repulsa por parte de la sociedad, que afronta una difícil coyuntura económica cuyos orígenes se remontan a los malos manejos y a las dudosas decisiones de la anterior administración nacional.Resulta indignante esa promiscua exhi­bición de dinero por parte de quienes proclamaban su adhesión a un gobierno "nacional y popular" cuyo objetivo era –según sus enunciados– la inclusión social y un reparto más equilibrado de la riqueza.Los principios eran en buena medida inobjetables; la actitud de los exfuncionarios es condenable. La mayoría de ellos ingresó al sector público con escasos recursos y patrimonios irrelevantes.La tarea que le resta a la Justicia es establecer qué grado de participación y vinculación tuvieron en esa corrupción Néstor Kirchner (aunque, ya fallecido, no pueda ser juzgado) y Cristina Fernández. La matriz de tales actos se caracterizó por los sobreprecios en los emprendimientos, el tráfico del dinero y el lavado en activos como propiedades y hoteles, o bien en dinero líquido, que ahora se intenta ocultar. El castigo de los actos de corrupción debe ser ejemplar, para evitar que esta tentación pueda alcanzar a la actual gestión. Las penurias que atraviesan millones de argentinos deberán tener una pena severa a los que robaron los recursos que hubieran permitido una mejor calidad de vida.