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La integración nos enriquece

Es necesario diseñar políticas educacionales no sólo para atenuar el choque cultural que sufren los inmigrantes que llegan a Córdoba, sino también para compartir y valorar sus conocimientos.

26 de junio de 2013 a las 12:01 a. m.
La integración nos enriquece

A  las escuelas de Córdoba asisten más de siete mil alumnos extranjeros. Familias provenientes de Bolivia, Perú y Paraguay llegan a nuestra provincia en busca de trabajo y con la expectativa de mejorar sus condiciones de vida. También se han radicado entre nosotros matrimonios brasileños, chilenos, uruguayos y, en menor medida, de otros países americanos o de origen europeo, africano y asiático. En los últimos siete años, se ha duplicado la cantidad de extranjeros que residen en Córdoba. Si bien muchos de ellos podrían encontrarse en nuestro medio de manera irregular, la actual ley de migraciones establece que por más que los adultos presenten alguna irregularidad migratoria, los niños que de ellos dependen igualmente tienen que ser admitidos en el sistema escolar, de modo que se considera que casi todos los niños inmigrantes están escolarizados. Ello representa un verdadero desafío pedagógico: ¿cómo enseñar desde la diversidad, reconociendo la riqueza cultural que anida en las diferencias?Este diario publicó un informe sobre el tema el domingo pasado. Lo primero que allí se advierte es que los docentes predispuestos a la integración cultural sólo cuentan con su intuición o su sentido común, porque no hay una política oficial ni un protocolo de actuación que oriente a docentes y directivos. En consecuencia, hay docentes que ignoran, cuando no desvalorizan, las raíces culturales de sus alumnos extranjeros.En segundo lugar, se observa que son los docentes quienes deciden si se aproximan o no al Ministerio de Educación con un planteo concreto en función de la realidad que viven en su aula.Es el caso de una escuela de Villa Allende que recibió a dos alumnas de origen paraguayo. Ante el abrupto cambio de medio y por la costumbre de hablar guaraní en su casa, estas permanecían literalmente mudas en la clase. La escuela involucró al Ministerio y al Consulado de Paraguay, entre otras instituciones, y una mujer paraguaya que hablaba guaraní se sumó al equipo docente para colaborar en la integración de las nuevas alumnas. Lentamente, las niñas fueron comunicándose con el resto de los niños, quienes, además, fueron aprendiendo distintos elementos de la cultura guaraní, incluso el idioma. El resultado, como es lógico, fue enriquecedor para todos sus participantes.En tercer lugar, como señaló una maestra de una escuela de Alto Alberdi que hace años trabaja desde la multiculturalidad, porque la mayoría de sus alumnos son extranjeros, no se pueden invisibilizar las evidentes diferencias y no se trata de adaptar a "los raros" a "lo nuestro".La integración cultural en la escuela enriquece a todos los actores, pero por sobre todo es la puerta que abrirá la necesaria integración social del niño extranjero. En consecuencia, no puede quedar librada a la buena voluntad del docente de turno.