La igualdad en el horizonte
El decisivo apoyo de las minorías en la reelección de Barack Obama como presidente de Estados Unidos confirma que la igualdad de derechos es el horizonte de la política, aun en la crisis.
Fue un presidente demócrata el que puso de moda la expresión “es la economía, idiota” para definir el factor determinante en una elección presidencial de los Estados Unidos.
Convertidas en una fórmula, las palabras de Bill Clinton se aplicaron a los triunfos electorales en las geografías más disímiles del mundo, entre ellas la Argentina, en especial en la reelección de Cristina Fernández, el año pasado.
Hoy es otro presidente demócrata el que viene a poner entre paréntesis la universalidad de esa fórmula, de raíz economicista y pragmática.
Barack Obama fue reelegido en la presidencia de los Estados Unidos en buena medida gracias al voto de las minorías raciales latinas, judías y afroamericanas, las mujeres, los jóvenes, los trabajadores sindicalizados y los homosexuales.
Más allá de la situación económica singular de cada uno de estos grupos sociales, comparten la necesidad de que se les reconozcan sus derechos como ciudadanos.
Si eligieron a Obama fue porque, de los dos candidatos, era el que mejor garantizaba la posibilidad de vivir en un país culturalmente múltiple y políticamente plural, no sólo diseñado para ricos y poderosos.
La crisis que se produjo en los Estados Unidos, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2007, tuvo un impacto tan hondo en la población que incluso ha cambiado el sentido de lo que implica pertenecer a la clase media. Hoy no significa tener una propiedad, sino un trabajo estable.
Se trata de una transformación de la mentalidad de un sector importante de la sociedad estadounidense, que prefiere la estabilidad antes que exponerse a los caprichos del mercado.
Aun cuando no ha cumplido la promesa de sacar una ley de migraciones, Obama pudo mostrar en sus años de gestión que el Estado es imprescindible para que cada ciudadano tenga derecho a un seguro de salud, para regular la actividad bancaria y para combatir el desempleo.
Mientras el candidato republicano, Mitt Romney, seguía inmerso en lo que el sociólogo alemán Max Weber describió como la ideología protestante de que la riqueza es una forma de predestinación, Obama trató de hablar en el idioma de los trabajadores y de los discriminados.
No se equivocó; las actuales tasas de natalidad entre latinos y afroamericanos indican que en 2040 ya no serán minorías, sino mayorías. Ese dato no puede ser soslayado por ningún político, sea demócrata o republicano, porque muestra la cara de los votantes del futuro.
La realidad de los Estados Unidos no tiene equivalencias en ningún otro país, por lo que resulta imposible extraer fórmulas directas de estas últimas elecciones.
Sin embargo, la emergencia de nuevos actores sociales es un fenómeno global que los estados democráticos deben reconocer en el camino a una verdadera igualdad de derechos.

