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Faltó autocrítica, sobró histrionismo

El último mensaje de Schiaretti a la Legislatura tuvo mucho de anuncios de obras públicas y poca autocrítica de su gestión. La oposición tampoco estuvo a la altura del acto republicano.

02 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
Faltó autocrítica, sobró histrionismo

El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, pronunció ayer ante la Asamblea Legislativa el último mensaje de su gestión, la que concluirá el 10 de diciembre próximo. La Constitución Provincial exige que el mandatario dé por inauguradas las sesiones ordinarias de la Legislatura con ese mensaje que, se entiende, debiera ser un informe sobre "el estado de la Provincia", como lo prevén los modernos textos que inspiraron a nuestros constitucionalistas.Ese informe, al igual que sucede con el mensaje presidencial de cada 1º de marzo, ha dejado de ser una evaluación objetiva y serena sobre lo realizado y las proyecciones para el próximo ejercicio, para convertirse en imaginarios actos electorales. Los gobernantes parecen situarse en virtuales púlpitos de campaña y desde allí destacan lo que consideran elogiable del año finalizado y lanzan decenas de anuncios, muchas veces sin una explicación clara sobre con qué fondos y objetivos se encararán esas obras fabulosas.Es lo que volvió a suceder ayer. A lo largo de más de una hora de exposición, el gobernador usó un eslogan –"Estamos recuperando el orgullo de ser cordobeses", dijo en 15 oportunidades–, que pareció orientado a ser una proclama de campaña más que un análisis de lo realizado y de lo que aún resta por concretar para que Córdoba alcance un desarrollo equilibrado y equitativo.Anunció la finalización de obras de infraestructura muy demandadas, y sin duda valorables, y conquistas sociales reclamadas por los sindicatos estatales. Pero no hubo una sola autocrítica, ni siquiera una referencia, por caso, a los múltiples inconvenientes por la mudanza anticipada de la Casa de Gobierno, a los reiterados cortes de energía eléctrica ni a las deficiencias en el servicio de agua corriente. No estuvo el gobernador a la altura del acto republicano. Tampoco ocupó su lugar la oposición. La Asamblea Legislativa no es el sitio adecuado para exhibir carteles que proclamen "Peligro, gobernador demoliendo", como sostuvieron los representantes del Frente Cívico y Social durante el mensaje. Tampoco es el ámbito para que los legisladores radicales coloquen sobre sus bancas réplicas de juguete de las máquinas demoledoras que se usaron en la Casa de las Tejas.La construcción de una democracia exige, por parte de las autoridades, una evaluación de su gestión, con una sincera autocrítica, que en este caso cabía también del mandato en forma global. Tampoco es un buen síntoma republicano que los representantes del pueblo y de los departamentos de Córdoba acudan a entretenidos golpes de efecto, sin formular propuestas alternativas. Los que degradan la democracia con sus actitudes no pueden exigir luego un respaldo irrestricto de la sociedad a un sistema que –perfectible en sus formas– sigue siendo el que mejor expresa la voluntad popular.