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Escuchar los reclamos

El Gobierno nacional estigmatiza cualquier exigencia sectorial bajo la disyuntiva de “patria o buitres”, lo que es un error y elude una discusión seria de propuestas para salir de la crisis.

28 de agosto de 2014 a las 12:01 a. m.
Escuchar los reclamos

Los reclamos de los distintos sectores económicos, incluidos los vinculados al trabajo, se han generalizado en el país a medida que la crisis se profundiza y descendemos todos los meses un escalón. Así, productores de las economías regionales observan cómo sus cosechas resultan hoy insuficientes para afrontar los costos de explotación y, en no pocos casos, para que los productos puedan ser exportados a precios competitivos. Otro tanto ocurre con los sectores industriales, cuya producción ya cumple casi un año con números negativos. Tanto el campo como la industria reclamaron cambios en las políticas oficiales, pedidos que fueron desoídos.A ellos se sumarán hoy los trabajadores agrupados en distintas organizaciones sindicales, quienes exigen un cambio en el mínimo no imponible, en las desgravaciones y en las alícuotas del Impuesto a las Ganancias.¿Cuál fue la respuesta del Gobierno nacional a estas peticiones? En líneas generales, las autoridades no han dado respuestas a los reclamos y prefieren estigmatizarlos bajo el axioma "patria o buitres", como si los empleados, industriales y productores del campo respondieran a conspiraciones urdidas en el exterior con el objetivo de socavar la gestión de Cristina Fernández.Hasta el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, en su cotidiana incontinencia verbal, llegó a acusar a los gremios opositores de estar financiados por los fondos especulativos que demandaron a la Argentina ante los tribunales internacionales por la deuda aún en cesación de pagos.La insólita acusación golpea a sindicatos que hasta algunos años atrás apoyaban decididamente el proyecto político del kirchnerismo, por lo que resulta infundada y temeraria.El apotegma "patria o buitres" en el que se ha refugiado el oficialismo –paradójicamente, en simultáneo con el llamado presidencial a la unidad nacional– es una demostración de la pobreza de gestión, que termina por endilgarle el mote de traidor a quien piensa distinto de los proyectos oficiales. Estos, por contrapartida, están anticipando una profundización del declive económico, que registró en junio último tres trimestres consecutivos de caída.El Gobierno nacional tiene que escuchar los reclamos de los sectores productivos, dejar de lado las anteojeras con las que analiza todos los pedidos para un cambio de rumbo y restablecer la confianza entre los agentes de la producción.La falta de credibilidad lleva a los argentinos a confiar sus ahorros en la moneda estadounidense, que alcanza –día tras día– una cotización récord.El trabajo, la industria y el campo necesitan respuestas sensatas, alejadas de eslóganes y falsos dilemas. La degradación cotidiana es un peligroso camino para los últimos meses de la actual administración.