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Empobrecer a los jubilados

Los ajustes presuntamente neoliberales son intolerables y sólo serán aceptados los que realicen quienes vinieron a mejorar las cosas. Alberto Fernández justificó el sorpresivo nuevo cambio para el ajuste previsional que exigió Cristina

05 de diciembre de 2020 a las 12:10 a. m.
Empobrecer a los jubilados
(Presidencia/Archivo).

Durante su diálogo con los líderes cegetistas, hace unos días, el presidente Alberto Fernández aseguró a estos que mejoraría los haberes jubilatorios. Esto, mientras en el Congreso de la Nación se analizaba un texto que ordenaba descontar en marzo el misérrimo cinco por ciento de ajuste por percibir por los pasivos en diciembre, algo que finalmente la Cámara Alta desestimó por iniciativa de la vicepresidenta Cristina Fernández.

De todo modos, la nueva fórmula de ajuste está lejos de ser la panacea. En ese sentido, nadie debería sorprenderse de que todos los gobiernos, sin excepción, hayan prometido a los jubilados mejoras que luego se convertirían en todo lo contrario, a caballo de que la clase pasiva es un colectivo enorme pero de escaso poder de fuego, sin representación ni capacidad alguna de respuesta ante funcionarios que hacen lo posible por llevarlos a la indigencia. Y lo consiguen.

El simple dato de que hoy una jubilación mínima apenas pasa de 100 dólares, una de las más bajas del continente, habla por sí solo.

Hace años, el mismísimo general Juan Domingo Perón reconoció que uno de sus peores errores de gestión fue apropiarse de los fondos jubilatorios, confesión que no ha llevado a la reflexión a quienes le siguieron en el ejercicio del poder.

Pero hay que hacer un gran esfuerzo de memoria para encontrar en los últimos 70 años un agravio que se equipare con el cambio de fórmula de ajuste propuesta por el actual Gobierno, aun con las enmiendas introducidas por la vicepresidenta. Lo hacen y lo defienden quienes sentaron plaza de hombres y mujeres sensibles a las carencias y privaciones de vastos sectores de la sociedad, y que supuestamente llegaron al poder para arreglar lo que otros descompusieron.

Hacer justicia, en suma. Hacer justicia a la manera nuestra, debería precisarse.

Con todo, en el país en el que ya nada sorprende, el raro silencio de no pocos y la aprobación enfática de otros es llamativa: fuerzas de izquierda y el progresismo argentino en general parecen haber perdido ese impulso compulsivo que les lleva a salir a la calle para discutir ferozmente todo atisbo de política neoliberal –ese es siempre el leitmotiv– ante cuadros como el antes descripto.

Es extraño, por tratarse de los mismos que, en ocasión de la anterior reforma propuesta por el gobierno de Mauricio Macri, arrojaron toneladas de piedras en el Congreso, sin olvidar la imagen icónica de aquel militante del mortero, después largamente prófugo de la Justicia.

Curiosamente, aquella reforma salió al revés, algo muy nuestro, por lo que ahora se vuelve a reformar para ver si esta vez se logra lo que antes no se pudo: recortar las jubilaciones.

En ese marco, el silencio del progresismo argentino emerge como doble estándar o simple hipocresía, como para que quede claro de una vez por todas que los ajustes presuntamente neoliberales son intolerables y sólo serán aceptados los que realicen quienes vinieron a mejorar las cosas.

Será justicia.