El sentido del trabajo
La conmemoración del Día del Trabajador se produce en un contexto preocupante por la caída del empleo, pero la labor humana debe ser valorada sobre la apatía, el desánimo y la corrupción.
El Día del Trabajador, que se conmemora mañana, llega en un contexto preocupante. Los países más desarrollados no logran consolidar un crecimiento sustentable. La recuperación de los puestos perdidos desde la crisis de 2009 aún no se ha verificado en su totalidad. En las naciones en vías de desarrollo, la caída de los precios de las materias primas provocó una desaceleración del crecimiento y, por ende, una menor actividad, con impacto en el empleo.Este contexto macroeconómico se ve sacudido, además, por el desarrollo de tecnologías que están modificando la tarea tradicional de ciertas actividades, a la vez que demandan nuevas aptitudes al trabajador.Las incesantes corrientes migratorias desde los países más pobres hacia Europa y Estados Unidos generan nuevos desafíos en la organización social y política de los territorios receptores, con impacto en los puestos y en el valor de la mano de obra.La Argentina no escapa a ese contexto externo preocupante, que puede sintetizarse en la desaceleración del crecimiento de China, con impacto en Brasil, nuestro principal socio comercial.En el plano interno, las medidas adoptadas por el Gobierno nacional –necesarias sin duda para contener el déficit fiscal y reducir la inflación– provocaron en lo inmediato despidos en la administración pública, una pérdida de puestos laborales en el sector privado, junto a un aumento de la pobreza. La realidad es la contraposición de una perspectiva favorable en los próximos meses, pero un pasaje angustiante en la actualidad.El Gobierno nacional decidió poner en marcha el plan Primer Empleo, con la desgravación impositiva de las cargas para la pequeña y mediana empresa (Pyme). El costo impositivo incrementa en un 40 por ciento la remuneración que percibe un empleado formal.En lugar de plantear un análisis exhaustivo de las cargas tributarias que pesan sobre el trabajador y el empleador, a partir de una voracidad insaciable del Estado en sus distintas formas, las centrales sindicales y la oposición acudieron a una medida de fácil resolución. Sindicatos y dirigentes que toleraron el aumento del empleo informal y la pobreza en la última década, hoy aparecen en la primera fila de las manifestaciones para reclamar soluciones.La prohibición de los despidos en la administración pública y en el sector privado por seis meses tiende a preservar los recursos que administran los gremios, al tiempo que desalienta la incorporación de nuevos trabajadores.Es necesaria una evaluación profunda sobre los factores que afectan al trabajo. Esa tarea es impostergable en un país que ha decidido apostar a la labor humana como factor de desarrollo de la persona. La apatía, el desánimo y la corrupción no son el estilo de vida que privilegia el ideario de la mayoría de los argentinos.

