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El FMI y la crisis europea

Aunque introdujo retoques keynesianos en sus programas de ajuste, los resultados que obtiene el FMI en Europa parecen prolongar su tradición de imponer elevados costos sociales.

07 de enero de 2011 a las 12:01 a. m.
El FMI y la crisis europea

E l año se inició con buenas noticias para la economía de Europa. El sábado 1° de enero, el Fondo Monetario Internacional (FMI) difundió la edición de primavera de su informe de perspectivas regionales para el viejo continente, en el cual advierte que sus países avanzados, que registraron una contracción del cuatro por ciento en 2009, experimentarán todavía un crecimiento negativo del 0,4 por ciento al cerrarse las cuentas de 2010. Lo de crecimiento negativo, al igual que lo de rentabilidad negativa, es un oxímoron que hace las delicias de sus tecnócratas. Algo más alejado de sus crónicos pesimismos, el organismo que preside Dominique Strauss-Kahn afirma que, si bien las economías emergentes de Europa habrán caído en el año recientemente finalizado un 4,9 por ciento, crecerán en torno del 0,7 por ciento en 2011. Mayor optimismo exhibe en relación con su habitual bestia negra, la inflación, porque presume que caerá a niveles muy bajos en muchos países, aunque "probablemente se evitará una deflación clara", a pesar –recuerda– de que "las presiones deflacionarias han aumentado". Estas se relacionan habitualmente con la caída del consumo y su correlato: el desempleo.Por ello, recomienda "aplicar políticas macroeconómicas que respalden la demanda y aprovechar rápidamente el margen disponible para reducir las tasas de interés", al mismo tiempo que aconseja aplicar una política monetaria "más expansiva poco convencional". Y formula un llamado reiterado por organismos oficiales y privados europeos: definir una política bancaria y financiera común para comenzar a resolver el grave problema de los llamados "activos tóxicos", es decir, los residuos dejados por la crisis que estalló en 2008 y cuyos elementos perniciosos no han sido totalmente desactivados aún.El organismo muestra cierto dejo keynesiano, que contrasta con la rígida ortodoxia neoliberal que profesó en la década de 1990, con efectos tsunámicos en las economías de casi todo el mundo. El tono y contenido de su último informe contrasta también con las alarmas que diseminó en un documento que difundió el 8 de diciembre, en el cual Strauss-Kahn sostenía que "la situación en Europa sigue siendo problemática y el futuro es más incierto que nunca".El problema con los pronósticos y recomendaciones del FMI es que suelen ser extremadamente frágiles ante la realidad. Cuando el FMI desembarcó en Europa para ayudar a la Unión Europea a salir del tembladeral, condicionó la concesión de préstamos de emergencia a Hungría, Letonia, Rumania, Grecia e Irlanda a la aplicación de fuertes ajustes. Los resultados están a la vista: entre 2008 y 2010, el desempleo subió de 7,6 a 11,3 por ciento en Hungría; de 6,1 a 19,4 por ciento en Letonia, y de 5,7 a 7,1 por ciento en Rumania. Y los cierres de ejercicio en Grecia, Irlanda y España no serán mejores.