Temas del día:

El espejo de la cárcel

Las imágenes del video que muestran a presos consumiendo cocaína y ­exhibiendo armas revelan los graves problemas que afectan al sistema penal en la Argentina.

04 de mayo de 2014 a las 12:01 a. m.
El espejo de la cárcel

Sería harto difícil sostener que asombran las imágenes de cinco presos del penal de Bouwer consumiendo cocaína mientras muestran una navaja a la cámara. Es que la sociedad argentina viene ensanchando su capacidad de tolerancia: tolerancia a lo inusual, a lo ilegal, en una suerte de lamentable versión del platoniano “adaptate o perecerás”. Tanta capacidad de adaptación debería, al fin, preocuparnos.

Las imágenes de ese video grabado con un celular nos depositan sin escalas en el incómodo lecho en el que reposamos nuestra impotencia. Ya en 1997, este diario había publicado una investigación en cuyo transcurso dos periodistas pudieron adquirir droga en la cárcel. O sea que nada parece haber mejorado en los 17 años transcurrido desde entonces.

Huelga recordar que el paso del tiempo nunca mejora nada por sí mismo. Por el contrario, la falta de trabajo y cuidados todo lo deteriora de manera irremediable. ¿Qué fue del mandato de que las cárceles deben ser sanas y limpias? Sin olvidar, claro, que el sistema penal tiene la obligación de recuperar a sus internos, obligación largamente incumplida.

Sabemos que a la sociedad poco le importan sus reclusos, aun cuando parte de ellos sean la consecuencia de un injusto diseño de oportunidades y castigos. Y que nuestra dirigencia polí­tica se interesa mucho menos por un tema de escaso rédito. Lo que no se ve no forma parte de la esfera de intereses de quienes tienen responsabilidades en el asunto.

Nadie debería, empero, considerarse al margen de la cuestión: si nuestra Justicia fuera ­eficiente, la estructura carcelaria del país co­lapsaría, por el simple dato de que en años no 
se ha invertido en ella. Hay jueces que ordenan libertades por no encontrar resquicio alguno donde alojar a un condenado.

¿Deberemos, entonces, resignarnos a que nuestros penales sean meros depósitos de humanidades que, pasados unos años de retiro obligado, sólo tendrán la alternativa de delinquir otra vez, en un eterno retorno abrumador?

Únicamente en el penal de Santa Rosa, en La Pampa, el 50 por ciento de los reclusos se droga. Y el escenario no es mejor en ningún espacio carcelario del país.

Podría aventurarse que, en principio, se trata de subsidiar a los segmentos más vulnerables de nuestra sociedad, para luego recluirlos, siempre que se les haya podido capturar. Es la radiografía de una sociedad sin esperanza. Qué duda cabe.

Y, como para solazarnos en la desdicha, un juez consultado sobre el episodio en Bouwer sostuvo que este era “normal”. Obsérvese que dijo “normal” y no “frecuente”, como para ratificar que estamos construyendo una nueva normalidad, esa que nace de aceptar con resignación lo que no podemos solucionar. Es la triste caricatura de la sociedad que hemos construido.