Doble discurso crispante
El kirchnerismo no duda en alentar a personajes barrabravas y a militantes violentos.
En una exhibición internacional de su estilo confrontativo, adicto a la violencia sistemática, sea mediante la incontinencia verbal, sea por la acción agresiva de sus fuerzas de choque, el kirchnerismo ha enviado a Sudáfrica un contingente de selectos barrabravas que, pagados por el Estado nacional (a través de las subvenciones otorgadas a la agrupación Hinchadas Unidas Argentinas), tienen la alta y esclarecida misión de alentar a la selección nacional en el inminente campeonato mundial de fútbol.
Tristísima gloria sería la que se obtuviese mediante el aliento de esa selección nacional de grupos de choque utilizados por el partido oficialista y el sindicalismo peronista, algunos de cuyos integrantes ya están identificados como especialistas en feroces golpizas, extorsiones, narcotráfico, arrebatos y asaltos.
Mientras los esclarecidos miembros de la violencia y el delito viajan al país de Mandela, la violencia interna sigue creciendo, al tiempo que Néstor Kirchner expresa preocupación por la intensificación de la crispación del espíritu de los argentinos. Es uno de sus típicos dobles discursos, como sus encendidas defensas del interior, mientras prosigue su sistemática destrucción del federalismo, o sus alusiones a la corrupción de la década de 1990, uno de cuyos mayores escándalos fue, precisamente, su fuga al exterior de más de 550 millones de dólares que recibió como regalías petroleras para Santa Cruz, a cambio de su apoyo al proyecto menemista de privatizar YPF y sus reservas petrolíferas. A dos décadas de esa transa, aún se ignora el destino real de esa fortuna y el monto de los intereses devengados.
Como el doble discurso kirchnerista es cada vez menos convincente, recurre cada vez más a la violencia, que tiene argumentos más persuasivos, porque silencia o baja el tono de algunas críticas. Víctima de esta escalada de crispación ha sido en estos días el líder de Federación Agraria Argentina (FAA) de Entre Ríos, Alfredo De Angeli, atacado -según lo denunció el propio dirigente ruralista- por presuntos integrantes de la Federación del Sindicato de la Carne, de fiel militancia con el secretario de Comercio, Guillermo Moreno. A su vez, Eduardo Buzzi, titular de la FAA, denunciaba que desconocidos ingresaron en su casa de la localidad santafesina de J.B. Molina y, además de robarle, le dejaron un "mensaje intimidatorio".
La excursión rentada de los barrabravas y los ataques y amenazas parecen ser la interpretación oficialista del espíritu de hermandad exigido por millones de argentinos, que votaron por la paz y la concordia en los memorables festejos del Bicentenario.
Como no hubo en nuestra historia un movimiento político más refractario a la serenidad de espíritu y la autocrítica que el kirchnerismo, nos esperan más jornadas de esa crispación que tanto preocupa al oficialismo.

