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Discutir lo profundo

El debate sobre la autorización del derribo de aviones es absolutamente secundario en relación con los temas que deben preocuparnos: el avance del narcotráfico y la inacción de la Justicia.

23 de enero de 2016 a las 01:43 a. m.
Discutir lo profundo

La mejor manera de ocultar un elefante es entre muchos elefantes. El aserto cuadra cuando nos enfrascamos en la práctica del viejo deporte nacional de discutir lo accesorio sólo para no llegar al hueso de las cosas. Como sucede con el narcotráfico, el tema más mencionado y mediatizado de los últimos días. El anuncio de que en el marco de la emergencia en seguridad se autorizará a la Fuerza Aérea Argentina a derribar aviones no identificados es el mejor ejemplo de nuestra pasión por lo accesorio.Desatado el debate ("es una pena de muerte anticipada", declaró el exministro de Defensa de la gestión que menos hizo en la materia), la pasión puesta a favor y en contra merecerían mejor destino.Pero antes de ingresar a la discusión, hay pormenores que no son menores. Sucede que en el país y en muchas provincias se decretaron, en los años pasados, numerosas emergencias que nunca pasaron del papel.Sucede, además, que el país tiene una ley de seguridad interior que impide a las fuerzas armadas inmiscuirse en cuestiones que excedan la defensa nacional, por lo que el Congreso debería modificarla para que la Fuerza Aérea pueda proceder a los derribos. Y sucede que la misma fuerza carece de aviones interceptores, pues casi han dejado de volar. Conseguirlos, licitarlos, importarlos y ponerlos en funciones con personal capacitado podría insumir un par de años.No acaba allí la situación, dado que no tenemos radares en condiciones, tras los sucesivos anuncios de radarización. Los existentes son pocos, están apagados la mayor parte del día y sólo reconocen a un aparato que mantenga su señal encendida. Si este vuela a ciegas, la carencia de radares de reconocimiento volumétrico lo hace indetectable.Pero la peor de nuestras carencias es la de no asumir la necesidad del análisis de las causas profundas de nuestros males. Además de faltarnos un diagnóstico sobre la magnitud y las condiciones en las que se potencia el narcotráfico en el país, nos faltan planes y programas para confrontar dichos cuadros.El narcotráfico constituye sistemas económicos y crea trabajo a su manera en las áreas donde el Estado brilla por su ausencia, del mismo modo que soluciona carencias. Si no se parte de un buen diagnóstico, otra vez nos dejaremos confundir por los síntomas.Seguiremos arañando la superficie de las cosas si no entendemos que el Poder Judicial es el que debe cumplir un papel central. Ya no se puede seguir tolerando la absoluta falta de resultados de la Justicia en la materia, lo que en mucho se parece a la inacción.Como se ve, no se trata de una cuestión de aviones que, por el momento, no podremos derribar.