Un desafío para la región
El escueto triunfo de Maduro en Venezuela es parte de la herencia del liderazgo de Hugo Chávez en varios países de Latinoamérica -Argentina incluida- que deben revisar sus modelos de gestión.
El cuestionado triunfo del oficialismo chavista en Venezuela impone reflexiones que no deberían ser soslayadas, dado que implican tanto al país caribeño como a la Argentina y a la región, donde la figura de Hugo Chávez dejó profundas marcas. Sin obviar, claro, la importancia de que la sucesión del fallecido caudillo se haya resuelto por la vía democrática, aun cuando lo escueto de la victoria, y las alternativas polémicas del escrutinio, permitan un margen de duda y el derrotado Henrique Capriles no haya reconocido el resultado. En primera instancia, Venezuela adentro, las conjeturas aluden a la debilidad con la que Nicolás Maduro asume su mandato, frente a un país dividido, una oposición consolidada y un oficialismo en el que, por ahora, el liderazgo luce vacante. El marco no parece ser el mejor, en un país con alta inflación, un pesadísimo aparato estatal y el fracaso de todos los intentos para iniciar un proceso industrializador.Lo anterior basta para fotografiar las carencias propias de economías tan ligadas al sector primario –el petróleo, en este caso– que ya no puede sostener el necesario despegue, un fenómeno que modernos economistas han caracterizado por la asimetría entre el valor de los bienes primarios y el altísimo costo de los cambios estructurales necesarios.Para la región, golpeada por la ausencia de Chávez –la Cuba de los Castro, el Ecuador de Correa, la Nicaragua de Ortega o la Bolivia de Morales–, Maduro representa un alivio, pero no certezas: los respaldos que el petróleo venezolano les ha facilitado no quitan del centro de la escena el dato preocupante, que es la ausencia de un liderazgo carismático que supo disimular las carencias de los modelos populistas de la región. Sin Chávez, no será igual; las circunstancias ya no son las mismas.Por momentos y a la distancia, Argentina ha participado en ese proceso en la última década con cierta simpatía ideológica e iguales dosis de desconfianza. La deuda que el país mantiene por las adquisiciones de bonos y compras de gas, mencionadas durante la campaña, son apenas un dato de esa relación: Venezuela ha sido la puerta de acceso de Irán al subcontinente y no se debería olvidar su discreta participación en el intento por acomodar la despareja relación entre Buenos Aires y Teherán, golpeada por el caso Amia.Complejo como luce, el cuadro descripto dice tanto de los desafíos que hoy afrontan las democracias de la región como de las asimetrías estructurales entre los diversos países y la necesidad de superar modelos obsoletos de gestión.Esa es la prueba que la herencia chavista le deja a Maduro, tanto como a la Argentina, a Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Cada uno de estos países puede hoy mirarse en el espejo de sus propias carencias y está obligado a realizar la mejor lectura de su imagen reflejada.

