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Datos preocupantes

La existencia de miles de jóvenes “ni-ni”, como se identifica a quienes no estudian, no trabajan ni buscan empleo, debe ser considerada una alerta para la sociedad y para el futuro de esa franja etaria.

11 de septiembre de 2013 a las 12:01 a. m.
Datos preocupantes

La intensidad informativa que vive la Argentina suele colocar en un segundo plano los datos que se difunden periódicamente sobre distintas actividades y realidades sociales. Las urgencias cotidianas y el vértigo en que nos sumerge la conducción de los asuntos públicos del país impiden una lectura más atenta sobre las alertas que lanzan esas estadísticas.

La última que se conoció tiene que ver con la existencia de al menos 650 mil jóvenes de 15 a 24 años que no estudian, no trabajan ni buscan empleo. Este número surge de los datos incluidos en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) de 2012 (último registro oficial) y de institutos de investigación privados.

Según Ernesto Kritz, uno de los directores de Poliarquía Consultores, entre 2003 y 2012 los “ni-ni” –como se identifica a los jóvenes que se encuentran en esa condición– pasaron del ocho al 10 por ciento de esa población etaria.

Para la Universidad Católica Argentina (UCA), responsable del Barómetro de la Deuda Social, el porcentaje es aun mayor, mientras que el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) detectó que en el tercer trimestre de 2012 había 850 mil, es decir, el 13,2 por ciento de los jóvenes de 15 a 24 años. Jorge Colina, jefe de investigaciones de Idesa, señaló que en sus cálculos incluyó a los núcleos urbanos de las principales ciudades y aglomerados del interior, que no suelen ser sumados por la EPH.

Las cifras obligan a revisar qué está sucediendo con la generación que en unas pocas décadas deberá asumir las responsabilidades de conducción en la Argentina.

Para los es pecialistas, el problema tiene dos ángulos. Por un lado, los jóvenes que tienen resuelta su situación económica e inserción social, pero no están satisfechos con esa realidad, por lo que buscan en las redes sociales nuevas expresiones y sentido a sus vidas. El panorama es más preocupante para quienes se hallan en los sectores más sumergidos de la sociedad, pues para satisfacer sus aspiraciones podrían verse tentados a incurrir en la delincuencia.

Pese a los buenos resultados económicos de determinados períodos de la última década, la pobreza permanece todavía en niveles altos; el trabajo informal (“en negro”, como se lo denomina comúnmente) afecta a uno de cada tres asalariados y se incrementó el número de jóvenes “ni-ni”.

Semejante registro de datos no debe reducirse a una expresión estadística pasajera más en el flujo de la realidad informativa. Lo que muestran exige una acción coordinada del Estado en sus distintos niveles, así como de las organizaciones de la sociedad civil interesadas en promover una auténtica integración.

Cualquier aspiración de construir una sociedad dejando en un segundo plano esas realidades será imposible, además de constituir una peligrosa reducción de las urgencias que aún subsisten en la Argentina del siglo 21.