Crímenes todavía impunes
La Policía y la Justicia de Córdoba tienen pendientes varios casos resonantes por resolver, lo cual hace que la sensación de inseguridad derive en sospechas de impunidad.
Una larga nómina de hechos delictivos sigue sin resolución en materia de investigación en la provincia de Córdoba, tanto por parte de la Policía como de la Justicia. La lista abarca desde crímenes y la desaparición de una persona hasta los atracos a domicilios y comercios, que aparecen casi a diario en las crónicas policiales.
Un rápido repaso de episodios no esclarecidos pone en foco cierta incapacidad de los pesquisas o genera sospechas de oscuras complicidades.
El 19 de febrero de 2012 desapareció Facundo Antonio Alegre, apodado “el Rubio del Pasaje”, luego de asistir a un baile de cuarteto en la ciudad de Córdoba. La Justicia intuye que fue un crimen vinculado al submundo de los “narcos”, mientras que la madre del joven sostiene que su hijo fue “desaparecido por policías”. No ha tenido eco hasta ahora la recompensa que fijó el gobernador José Manuel de la Sota para quien proporcione datos del caso.
Otro gran misterio es el asesinato del ingeniero y empresario mendocino Marcelo Arias, cuyo cuerpo apareció flotando en el río Suquía, en cercanías de la Casa de Gobierno, el 19 de julio pasado. Un enigma que parece haber superado a los detectives policiales y judiciales.
Dudas y conjeturas de distinta naturaleza complican aún más la causa por la muerte de este hombre, ligado a una firma mendocina que intervine en la construcción de gasoductos en la provincia de Córdoba.
El 12 de este mes, un repartidor de comidas rápidas murió tras recibir un balazo en la nuca, en barrio Artigas de la Capital. Se supone que fue un intento de robo, pero no hay encarcelados ni otras pistas. Presunciones, nada más.
La nómina reciente de hechos sin dilucidar se focaliza en el pasado martes 13 de este mes. Un hombre y su hija menor fueron hallados sin vida en una vivienda del barrio Güemes. Los investigadores apuntaron en principio a que los decesos se produjeron por asfixia por monóxido de carbono. Nada más alejado de la realidad: la autopsia reveló que en ambos casos se trató de muertes violentas. Se averigua un doble crimen o un homicidio y suicidio.
Son muchos y preocupantes los desaciertos de los investigadores, a la luz de los sucesos aludidos y de otros igualmente resonantes que siguen en veremos en la Policía y la Justicia.
Vale citar, además, el asesinato del empresario Carlos Lorenzo, en abril de 2007, y el de Nora Dalmasso, en noviembre de 2006. Sin dudas, este último una postal de impericia y gruesos errores en las distintas etapas de la investigación.
Frente a la recurrente ola delictiva, la ciudadanía sigue perpleja ante hechos que no son esclarecidos, entre los que se enumeran decenas de robos contra la propiedad privada. La sensación de inseguridad no debe, bajo ningún aspecto, derivar en una sensación de impunidad.

