Cortes de cintas electoralistas
Las obras públicas tendientes a mejorar la calidad de vida de la gente deben ser una misión constante de los gobernantes y no una mera puesta en escena en tiempos de comicios.
Los cortes de cintas para inaugurar obras públicas son un dato distintivo y reiterado de las campañas electorales nacionales, provinciales y municipales. Los gobernantes con intereses políticos en esas contiendas echan mano a recursos estatales millonarios, como forma de usufructuar el buen impacto que puede generar una obra finalizada y en la creencia de que así cosecharán votos.Nada es novedoso en esta materia. La abundancia de anuncios e inauguraciones (desde una posta policial hasta un proyecto faraónico) se focalizan de manera particular en los meses de ajetreo proselitista.El problema es que, después de los comicios, los apuros electorales y las improvisaciones suelen quedar expuestos como verdaderos fiascos arquitectónicos o de infraestructura.Una radiografía ajustada a esta situación se refleja en el informe difundido días atrás por el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinomericana (Ieral), que depende de la Fundación Mediterránea.El trabajo analiza el comportamiento de las provincias de Córdoba, Santa Fe y Mendoza, entre las jurisdicciones que elevaron el gasto destinado a obra pública de cara a las elecciones. Santa Fe irá a las urnas el 14 de este mes; Mendoza, el 21, y Córdoba elegirá gobernador y legisladores el 5 de julio.Señala el Ieral que en Córdoba el gasto se incrementó el 88,8 por ciento, contra el 215 por ciento de Mendoza y el 154 por ciento de Santa Fe. Y grafica que, en términos nominales, durante el primer trimestre de 2014 Córdoba invirtió en obras 617 millones de pesos, mientras que para este período de urnas lo hará por 1.165 millones de pesos.Está fuera de discusión aquel precepto que define a la obra pública como el motor de la economía (ejecutada no sólo en las grandes capitales, sino también en muchos parajes olvidados del territorio), pero la concreción de proyectos tendientes a mejorar la calidad de vida de la gente debe ser una misión constante de los gobernantes y no una mera puesta en escena electoralista.Por caso, el Gobierno nacional se vale de modo desmesurado de este viejo vicio, con inauguraciones casi diarias de obras que son pagadas por todos los argentinos y que forman parte de la abrumadora utilización que hace la presidenta Cristina Fernández de la cadena nacional.Además, la gestión kirchnerista somete a las provincias cuyos mandatarios no son afines a una discriminación brutal en el reparto de fondos para obras.Son las males artes de la política que el electorado maduro y consciente del valor del sufragio empieza a rechazar. Los oficialismos que manejan la caja y los candidatos a sucederles deben tomar nota de que una obra inconclusa o mal hecha, antes que sumar, puede restar votos.

