El Congreso no puede delegar facultades propias
Que el oficialismo tenga mayoría en la comisión que controla los DNU no puede ser un paso hacia una mayor delegación de poderes al Ejecutivo, porque ello alteraría las reglas del sistema republicano.
Luego de una virtual parálisis de casi dos años, se constituyó en el ámbito del Congreso Nacional la Comisión Bilateral Permanente para el tratamiento de las facultades legislativas del Poder Ejecutivo, que incluyen a los polémicos decretos de necesidad y urgencia (DNU), de los cuales diferentes gobiernos hicieron uso y abuso en las últimas décadas. Un detalle que no puede pasar inadvertido: esta vez el oficialismo contará con mayoría absoluta en esta estratégica comisión (16 miembros contra 10 de la oposición), lo que le permitirá actuar con manos libres en materia de delegación de poderes. Hasta ahora, sobre todo a partir de las elecciones de medio término de 2008, había una suerte de paridad de fuerzas, lo que determinó que algunas resoluciones fueran adoptadas por uno o dos votos de diferencia o que se registraran algunos empates. Los DNU son legales, ya que están autorizados por las Constitución Nacional para determinadas circunstancias. Pero su pertinencia se pone en duda cuando se convierten en un procedimiento permanente, afectando la esencia del sistema republicano, del cual la división de poderes es uno de sus principios fundamentales.Gobernar mediante decretos de necesidad y urgencia de modo habitual abre las puertas a la llamada "democracia delegativa", que tiene legitimidad de origen porque se funda en el voto popular, pero se aleja de la idea republicana si le resta al Poder Legislativo facultades que le son propias e indelegables.La definición de democracia no se agota en el enunciado "un ciudadano, un voto", ya que de ser así habría que reconocerles el carácter de democráticos a regímenes totalitarios surgidos de elecciones, como el nazismo y el fascismo.No estamos en ese extremo, pero las democracias delegativas o plebiscitarias pueden llegar a desnaturalizar el sistema democrático-republicano, reforzando el presidencialismo y apuntando a la reelección indefinida de los gobernantes o a la permanencia sin término de un solo partido en el poder.La democracia republicana implica la posibilidad de la rotación de diferentes partidos en el gobierno y la limitación temporal de los períodos presidenciales. En los sistemas parlamentarios puros ese esquema es diferente, ya que es el parlamento el que elige presidente del gobierno o primer ministro, que puede ser removido por la pérdida de un simple voto de confianza. Pero en todos los casos, en un verdadero sistema republicano, el Poder Legislativo no puede delegar en el Ejecutivo facultades que le son propias, y menos hacerlo como metodología de gobierno.

