Castigo para los barrabravas
Más allá de la absolución penal para una agrupación de hinchas de Boca Juniors, la sociedad tiene la sensación de que estos grupos siguen gozando de una generosa protección política.
La noticia pasó inadvertida en el conjunto de problemas que tiene la sociedad tanto en lo político como en lo económico, pero es una muestra de que la decadencia argentina se ha colado en sus distintas actividades. Luego de sus detenciones y los múltiples testimonios que mostraron los oscuros negocios que manejaba la barra brava del club Boca Juniors, de la Capital Federal, su jefe, Rafael Di Zeo, y 11 personajes de su círculo íntimo fueron liberados del cargo de asociación ilícita que pesaba sobre ellos.
El fallo del Tribunal Oral en lo Criminal Nº 6 de la ciudad de Buenos Aires despertó las lógicas suspicacias sobre si la Justicia no había actuado bajo algún tipo de presión política para liberar a quienes hablan sin pudor de sus contactos partidarios y sindicales, y de sus negocios, muchos de ellos al límite de la legalidad.Pero su sospechoso andar no termina ahí. A través de los medios de comunicación o través de actos y asesinatos que llaman "ajustes de cuentas", esos grupos advierten sobre su peligrosidad a sus rivales en la interna del club o de los otros equipos.
Una prueba de ello es que apenas quedaron en libertad, Di Zeo y sus seguidores amenazaron al otro sector de la barra brava de Boca Juniors, que conduce Mauro Martín. Este había hecho lo mismo en pleno estadio, cuando las cámaras de seguridad registraron la advertencia de que les iba a cortar la cabeza.
Martín protagonizó días atrás un enfrentamiento con la policía brasileña en el ingreso del estadio Pacaembú, en San Pablo, donde su equipo perdió la final de la Copa Libertadores ante el local Corinthians. Los malos ejemplos se multiplican en otros equipos.Los vínculos de estos grupos violentos quedaron en evidencia con las declaraciones de Di Zeo a un matutino metropolitano. "No tengo problemas en decir que trabajé para el kirchnerismo de la provincia (de Buenos Aires) en las últimas elecciones. Ahora soy kirchnerista y trabajé para Cristina (Kirchner) porque me gusta la Presidenta", completó el jefe de la barra brava llamada "la 12", que se reconoció como "peronista".Está claro que este hincha violento pretende involucrar a dirigentes políticos, conocedor además de que sus palabras pueden actuar como un salvoconducto para los sospechosos negocios que controla en la actividad deportiva.¿No hay forma de erradicarlos? ¿El derecho de admisión en los estadios es un fracaso? ¿Sólo sirve para que se enfrenten los grupos rivales dentro de una misma hinchada, como reconocen los propios jefes de las barras bravas? ¿No es posible demostrar la asociación ilícita de estos núcleos?La decadencia a la cual parece sumergirse la sociedad argentina tiene una expresión más con la liberación de culpa y cargo de estos hinchas, que apenas recuperada la calle mostraron sus métodos no sólo para amedrentar a sus rivales, sino también a la sociedad, que quisiera otra forma de vivir y disfrutar el deporte.

