Un cambio anunciado en Europa
Las elecciones en Francia y Grecia pueden iniciar una revisión de la política de ajuste, y Alemania propone un plan de crecimiento; la pregunta es si basta para frenar las amenazas nacionalistas.
Las elecciones que se realizarán hoy en Francia y Grecia influirán seguramente sobre el futuro inmediato de la Unión Europea (UE). No se lanzará un nuevo modelo de alianza, pero se dará fuerte impulso a la revisión de las líneas maestra del Tratado de Maastricht (1991). Tanto François Hollande como los dirigentes de los partidos helénicos claman contra los imperativos de austeridad de la canciller Angela Merkel, vía Bruselas, y exigen un cese inmediato de los ajustes, que están cobrando un altísimo precio de calidad de vida a millones de europeos, en especial a los ciudadanos de la Eurozona. En Francia, Nicolas Sarkozy, que alguna vez integró con Merkel el duro tándem denominado "Merkozy", colocado frente a la perspectiva de una derrota quebró el eje París-Berlín y se transmutó en "Sarkopen", porque se apropió de la plataforma fascista, xenófoba e islamófoba de Marine Le Pen. Oportunista exasperado, ahora exige un plan de crecimiento que reemplace la estéril búsqueda de equilibrio fiscal y limitación del endeudamiento soberano. Exactamente lo que meses antes imponía con Merkel y los países escandinavos, con economías más saneadas.En Grecia, se derrumban el partido socialista Pasok y el conservador Nueva Democracia, que ejecutaron las imposiciones de la "troika" (Comisión Europea, el máximo organismo ejecutivo de la UE, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional). En cambio, aflora un movimiento de partidos menores que rechazan los exigidos recortes del 25 por ciento sobre las jubilaciones, despido de 150 mil empleados públicos, rebaja del 20 por ciento en todos los salarios y exclusión del Estado de Bienestar de inmigrantes indocumentados, sobre todo si profesan el Islam. En esa turbamulta revista el partido filonazi Amanecer Dorado, que por primera vez ingresará en el Parlamento.Merkel advirtió que está concluyendo la sumisión a sus exigencias (salvo en la absurda España del conservador Mariano Rajoy) y ahora aboga por el crecimiento. La Dama de Hierro sugiere destinar 200 mil millones de euros para reactivar la industria y el comercio. Es una cifra mezquina, si se recuerda que el 21 diciembre el BCE distribuyó 489.200 millones de euros entre 523 bancos que, lejos de destinarlos a la reactivación económica, los recolocaron en el BCE. Una segunda inyección de activos (529.500 millones de euros entre 800 bancos) tampoco reactivó nada.La pregunta sobre el futuro de la Unión Europa es importante porque ese modelo de comunidad continental, soñado desde la época de la Ilustración, implicaba un paso adelante en el camino hacia un mundo sin nacionalismos y libre de fronteras. Pero el sueño humanista parece derrumbarse ante las presiones de la crisis económica y la reaparición y consolidación de las viejas ideologías del odio, como son el fascismo y el racismo.

