Temas del día:

Brotes de xenofobia

Las manifestaciones contra los inmigrantes bolivianos en Río Cuarto y los anteriores dichos de Sergio Berni son expresiones discriminatorias inaceptables en un país abierto y democrático.

06 de septiembre de 2014 a las 12:01 a. m.
Brotes de xenofobia

Las sociedades incapacitadas para diagnosticar la naturaleza de sus males y operar sobre sus causas ceden a la tentación fácil de encontrar culpables en los que se delega la dura tarea de expiar los pecados del conjunto.

No es novedoso, aun en un país como el nuestro, donde con frecuencia se alega la inexistencia de problemas raciales como una de sus virtudes. Virtudes de corto vuelo, a poco que se analicen actitudes que traducen ideas arraigadas y que funcionarios irresponsables fomentan sin em­pacho alguno.

Ocurrió esta misma semana en el barrio Las Delicias de Río Cuarto, donde, tras el homicidio de Jorge Rodríguez y ya apresados sus autores, parte de la comunidad embistió contra los residentes bolivianos, de fuerte presencia en el sector, para exigir su erradicación.

Otra vez, a tono con el discurso que algunos bajan sin orden ni concierto, se propugna el concepto del mal como una ajenidad que nos golpea desde el exterior de nuestra sociedad, víctima inocente de inmigrantes inescrupulosos.

La descarada y gratuita actitud del secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, pidiendo la inmediata deportación de los extranjeros que delincan, es una buena muestra, aunque 
no la única.

Ignora así el funcionario, de manera delibe­rada, que existen al respecto leyes y penas que para muchos a los que cree representar resultan ineficientes.

Repárese que no se aboga por el cumplimiento estricto de la ley sino por formas de justicia exprés. Y no es tan grave que muchos piensen de ese modo, como que nadie, entre las autoridades responsables, manifieste interés alguno por enmendarles la plana.

El impulso xenófobo está presente en la historia de todos los conglomerados sociales y ha producido, a lo largo de los siglos, carnicerías de las que algo deberíamos haber aprendido.

No es inusual que una sociedad en crisis ­oriente parte de sus esfuerzos a localizar a los presuntos autores de sus males y proceda a exorcizarlos con el rigor de un Torquemada. Es una manifestación de que dichos colectivos están ­incapacitados para lidiar con sus propios fantasmas y asumir la responsabilidad de los fracasos que le impiden superar su pasado, lo que los ­obliga a repetirlo.

Hay en esto numerosas responsabilidades ­compartidas: las de quienes deben velar por la seguridad de todos, las de quienes deben impartir justicia, las de quienes deben lidiar contra las causas profundas de la inequidad social y prefieren solazarse en el consumo de estadísticas fabricadas para la ocasión.

Y, sobre todo, la responsabilidad de quienes, durante años, no han podido superar las limitaciones de un discurso pueril, confrontativo, provocador y estéril. Y ellos no son extranjeros.