Algo más que voluntad
El Estado no sólo debe garantizar la subsistencia de los bomberos voluntarios de la Provincia, también debe ocuparse de lograr las mejores condiciones para este trabajo que es un bien común.
Bomberos voluntarios de nuestra provincia que hacen locros populares, venden empanadas, organizan rifas y se afanan por colocar bonos contribución. Es, qué duda cabe, la foto perfecta del estado de necesidad, y cualquiera podría replicarla a poco que se movilice hacia alguno de los pueblos que circundan a la capital cordobesa.¿Cómo se llega a esto en una provincia que año a año, con cada temporada seca, ve arder desde la impotencia más atroz miles de hectáreas, mientras bomberos provistos de un chicote tratan de impedir lo inevitable?Son 173 los cuarteles de bomberos que reciben magros aportes de la Nación y fondos derivados de lo que se recauda, anualmente, gracias a un antiguo cargo existente en las facturas de la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (Epec), unos 60 millones de pesos anuales.Pero no alcanza, queda claro, tanto como resulta insuficiente el equipamiento que por cuerda separada la Provincia entrega a los distintos cuarteles. De allí a que los bomberos alquilen sus salones –los que disponen de uno– para festejos diversos o traten de lograr la adhesión de pobladores casi siempre reacios a pagar mensualmente una cuota voluntaria, hay sólo un paso. Y resultados escasos.Desde hace mucho tiempo, los cordobeses aportan para que la labor de los bomberos sea jerarquizada y reconocida en la medida de sus responsabilidades. No pocas veces han escuchado de boca de algún funcionario que el cuadro de situación del sector es óptimo y la Provincia cuenta con un aceitado sistema de prevención y combate del fuego. Pero las pérdidas ocurridas en los últimos años no corroboran dichas versiones.El énfasis en la prevención, tanto como en los sistemas de detección y alerta temprana, nos hubiera evitado muchos sinsabores y la destrucción de la cubierta vegetal y arbórea de áreas de la provincia vitales para la retención del agua y el consiguiente lavado de los suelos, amén de la contaminación de los cursos de agua subsecuentes a cada incendio forestal.Salta a la vista, aun para los menos avisados, que prevención y alerta temprana son rubros que requieren de una cierta inversión y de una mirada puesta más allá de la coyuntura y la resignación a lo inevitable.Se trata, en todo caso, de encontrar los recursos necesarios allí donde estos se direccionan hacia gastos prescindibles, para aplicarlos a lo que se comprende como el interés común.La labor de los bomberos voluntarios debería dejar de ser considerada como el hobby riesgoso de algunos para adquirir el nivel profesional que su misión implica. Y ello no se condice, en absoluto, con la organización de locros populares o la venta de empanadas para tratar de sostener a una institución que, como pocas, está totalmente orientada al bien común.

