Acomodos en el Pami
Es inconcebible que la obra social de los jubilados y pensionados de la Nación siga siendo una caja negra a disposición de los militantes rentados del gobierno de turno.
En la inabarcable estructura administrativa del Estado nacional, el Pami ha sobresalido siempre como uno de los organismos más castigados por una matriz de corrupción que sus distintas conducciones no lograron disciplinar. La obra social de los jubilados y pensionados nacionales podría ser definida como una gigantesca caja negra dentro de la cual se esconden anomalías de toda índole. Entre ellas, las designaciones por acomodo político de miles de empleados que pasan a engordar una estructura elefantiásica e ineficiente.Estas malas prácticas se acrecientan en vísperas de la retirada de un gobierno que se caracterizó por el dispendio sin control durante 12 años al frente de la conducción del país.Al respecto, la legisladora porteña Graciela Ocaña (Unión para el Desarrollo Social) presentó el pasado lunes una denuncia en la Justicia para poner freno a la presunta creación de una "estructura paralela" en el Pami destinada a incorporar a militantes de la agrupación La Cámpora. La dirigente –quien ocupó la titularidad del organismo durante los primeros tramos de la presidencia de Néstor Kirchner– cuestionó dos resoluciones emitidas por Luciano Di Cesare, director ejecutivo del Instituto de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados.La maniobra apuntaría a modificar el sistema de gestión de las cabeceras regionales del Pami y colocar en puestos de vanguardia a los "recomendados". Estos agentes pasarían a realizar tareas que ya cumplen empleados de carrera, lo cual duplicaría la cantidad de ocupados por área. Es decir, se echa mano al viejo artilugio de pagar sueldos con dineros públicos a una sobrepoblación de empleados recomendados que no prestan servicios esenciales para atender a los 4,6 millones de afiliados que tiene el Pami.Ocaña fue clara y tajante en su denuncia: la maniobra de Di Cesare persigue el objetivo de apañar estructuras políticas parasitarias, en particular de la agrupación que lidera el hijo de la Presidenta, Máximo Kirchner.Resulta agobiante que el clientelismo y la corrupción se hayan arraigado como una costumbre dentro de las estructuras de los gobiernos. Pero es más repudiable que encuentre como nicho a una obra social que se caracteriza por el mal trato a los millones de personas que deben peregrinar a diario por una atención digna.Es inadmisible que el Pami transite un permanente proceso declinante pese a que tiene asignado uno de los mayores presupuestos en la administración nacional. Pero la situación será grave si se utilizan esos fondos para solventar acomodados que ni siquiera se sabe qué capacitación tienen para el cargo que van a ocupar.La realidad parece difícil de enmendar: el Gobierno en retirada ha puesto en marcha una extendida maquinaria para no dejar a la intemperie a sus militantes rentados.

