Aciagas estadísticas
La impresionante cantidad de vidas que se cobran los siniestros viales obliga a reforzar los controles del Estado y a tomar conciencia del riesgo que implica un vehículo.
Las estadísticas sobre las vidas que se cobran los siniestros viales en la provincia de Córdoba muestran una tendencia ascendente, pese a las profusas campañas de prevención y de concientización que se ponen en marcha desde los distintos organismos oficiales. Son las mismas estadísticas que nos advierten que una de las principales causas de mortalidad en el mundo son los accidentes de tránsito. Un relevamiento que hace este diario sobre la base de datos propios muestra que durante 2013 fueron 533 los muertos por choques de tránsito en calles y rutas de la provincia de Córdoba; se trató del peor registro de los últimos cinco años. Sin embargo, el arranque de 2014 arroja otro saldo negativo que genera temor y pesadumbre.Enero sumó 48 muertos producto de accidentes en rutas y calles de ciudades y pueblos del territorio provincial. Como marca el relevamiento, de la diversidad de escenarios se desprende que no se trató de un fenómeno propio de la temporada veraniega, que deriva en un mayor flujo de vehículos en circulación, sino de la continuidad de una tendencia nefasta en materia de siniestralidad, que parece no encontrar remedio.En este mapa de desgracias, las motos ocupan la crónica diaria, lo que revela que las medidas de precaución no han dado los resultados esperados, como tampoco han sido atendidas las advertencias que se hacen a los conductores de estos biciclos de llevar el casco protector colocado.Las calles de las grandes ciudades están abarrotadas de motos y bicicletas, un fenómeno cultural atendible que no es dimensionado en la mayoría de los casos como un riesgo latente.Las estadísticas seguirán sumando cifras de muertos y heridos en la medida en que no se profundicen las políticas públicas de prevención; además, son necesarios el control y la toma de conciencia de muchos motociclistas y ciclistas cuyo aparente desapego a las normas de seguridad más elementales a veces causa pánico.En trazos generales, existe una variedad de protocolos de seguridad vial que deben ser atendidos tanto por la propia comunidad como por las autoridades de control. Uno de ellos apunta a la prohibición de conducir un vehículo bajo los efectos del alcohol. Un flagelo que suele tener como víctimas a jóvenes y adolescentes.Si bien muchos siniestros obedecen a errores humanos, también se debe apuntar a cierta desidia oficial en la ejecución de obras de infraestructura vial o en el mantenimiento de las vías de circulación en rutas y en zonas urbanas. Esto surge de la constatación de que muchos siniestros no se produjeron por choques entre vehículos, sino por despistes que no serían ajenos al deterioro de los caminos.En definitiva, las políticas públicas de prevención y la toma de conciencia ciudadana asoman como los puntos clave para revertir las aciagas estadísticas.

