"Oficial Gordillo": de ser un “9” de área al intento por jugar de árbitro
El humorista de “Mahatma” tiene miles de anécdotas de su carrera como futbolista en Tucumán. Por qué abandonó el curso de referí, sus días como relator, su colección de camisetas y cuando jugó un partido con el español Guti.
Contar chistes relacionados con el deporte es parte de su repertorio. Y no lo hace solamente porque es un tema que “garpe”. El Oficial Gordillo conoce desde adentro las canchas del ascenso tucumano. En su Famaillá natal, a 35 kilómetros de San Miguel de Tucumán, antes de ser humorista, Miguel Martín era futbolista. “Un nueve a lo ‘Chancha’ Mazzoni”, aclara en referencia al corpulento exdelantero de Independiente de la década del ‘90.
“Jugaba en la quinta de Famaillá y a los 17 me quiso llevar Ñuñorco, pero el presidente ‘Coco’ Ferro no me quiso dejar ir. ‘Deciles que vengan a negociar conmigo’, me dijo. ‘Y cuánto valgo?’, le pregunté. ‘¿Vos? Una damajuana de vino, no más’”, me respondió”, evoca el actor que forma parte del elenco de Mahatma.
Igual, Gordillo tuvo un breve paso por Ñuñorco, el club de Monteros. “Me fue bien. Jugué cinco partidos e hice dos goles. Pero me expulsaron tres veces. Fue porque no tenía muy clara la picardía de los defensores. Cuando el arquero sacaba y el árbitro se daba vuelta, ellos me hacían paf y me daban en el hocico. Y yo, en vez de devolvérsela ahí, la devolvía cuando el árbitro ya estaba de frente y veía todo. ‘¡Eh, pero él me pegó primero!’. Y me sacaban la roja. La última vez que me echaron, en la cancha de Ñuñorco, un plateísta me grita: ‘¡Melenudo, vos perjudicás al equipo, ándate!’ Y no volví más”, recuerda.
–¿Pero eras bueno?
–La verdad, siempre terminaba jugando en la más baja categoría, que más que un equipo parecíamos un zoológico. Yo estaba con los que sobrábamos de los otros equipos, pero era el capitán.
–¿Sos muy futbolero?
–Ahora no tanto. Pero antes me gustaba mucho. Es más, relataba los triangulares que se armaban de 7 y 7. Y en esa época estaba de moda el calcio italiano así que les ponía nombres de jugadores de allá. “Se viene el ‘Avión’ Montella, la toca para ‘Pipito’ Inzaghi, va para Maldini, Baresi…”. Era un clásico. Todos hacían silencio y yo relataba. Y llegaban nuevos y me decían: “¿Che y yo quién voy a ser?”. Un día vino un arquero y me dice: “¿A mí me podés poner Lev Yashin, ‘la Araña’ rusa’?” A ese nivel.
–¿Te sabías los nombres de todos los jugadores?
–Veía mucho fútbol. Y como no había Internet, miraba en TV y anotaba en dos columnas los nombres y los números. Tenía que ver el partido completo, sino me iban a faltar nombres. Era una cosa bien artesanal, algo que ahora es imposible con la tecnología.
–Estuviste cerca de ser periodista deportivo.
–No, terminé haciendo el curso de árbitro. Los árbitros son futbolistas frustrados. Yo lo sabía desde el primer día. Pero al final sólo hice el curso dos meses.
–¿Qué pasó?
–Es que empezabas dirigiendo o como linesman de Infantiles. Y un lunes llegó al curso un compañero con el ojo en compota porque le había pegado un padre. Ese fue el primer llamado de atención. El segundo fue cuando a uno de los “profes”, en un partido entre Santa Lucía y Santa Ana lo agarraron entre los dos equipos. Encima salió corriendo y se tiró por el túnel, pero la puerta de los vestuarios estaba cerrada con candado. “Che, el profe no vino porque está internado”, nos dijeron el lunes en el curso. El último fue cuando un amigo me contó que vio a un barra apuntarle a un árbitro con un revolver en la cabeza. Ahí dije ‘chau’.
–¿Hincha de?
–Yo iba a ver a Famaillá, pero en mi familia son todos de Atlético. Iba a ser del Decano pero al final no.
–¿Cómo es eso?
–Cuando era chico, me compro una camiseta de Atlético para ir a la cancha con mi viejo y mi hermano mayor. Pero viene mi hermano, me quita la camiseta y me dice “Vos no sos de Atlético si nunca fuiste a la cancha. Además, el papá no te quiere llevar”. Y parece que era cierto porque tenía que pagar una entrada más además del viaje en colectivo. Y ahí se me truncó ser del ‘Deca’. Desde entonces quedé como resentido con los equipos tucumanos. Quizás si hubiera nacido en San Miguel y me ahorraba el pasaje en bondi... Pero me sirvió para no ser fanático y mirar fútbol sin ser parcial.
–¿Tenés muchas camisetas?
–Varias. Del Real Madrid, la de Guti que es cuñado de mi manager Seba Belluscio. Una de Tevez, de Boca; de Ponzio y Mayada, de River; de "Patito" Vidal de Independiente; de Mario Lobo cuando jugaba en Gimnasia de Jujuy. Y tuve en mis manos una que usó Maradona en Ritmo de la Noche. Estuve a punto de afanármela, pero se la afanó otro antes, ja.
–Te falta la más importante…
–Cuando ando por Buenos Aires siempre tengo a mano una camiseta y un fibrón por si me lo llego a encontrar al Diego. Igual que el “Bocha”, que si lo veo, le hago firmar la de “Patito” Vidal.
–¿Qué pensás de la selección?
–Vamos a ver cómo llegamos a Rusia. Venís de una final y salvo que tengas a Maradona o Messi no sé si podés llegar a otra. Está difícil. Esto de cambiar el técnico tantas veces es un quilombo para los jugadores. Es como en la obra de teatro. Al principio no nos conocíamos y yo tenía miedo de no rendir, no enganchar. Por suerte enganché perfecto, pero si ves la primera función y la comparás con las últimas vas a ver un cambio. Así pasa en el fútbol.
–¿Hacés deportes?
–Caminata y como se me empezó a joder la columna empecé natación. Hago actividad, pero no se me nota.
–¿Cómo es la anécdota de “El día que Guti jugó con Maradona”?
–La hermana de mi manager, Seba Belluscio, que era un jugador tremendo de Famaillá, se casó con Guti, el del Real Madrid. Antes de trabajar juntos nos conocimos y me pidió que vaya a un partido a beneficio en Salta con Los Nocheros, “Kike” Teruel y algunos artistas más. Fui, actué y después jugué. Guti tenía la 14 y yo la 15. Esto está en YouTube (https://www.youtube.com/watch?v=0Ys5FTfhEQ0). Guti me tira una bocha por el sector izquierdo y, en una corrida memorable, entro al área, engancho para adentro y ¡penal! Yo le había dicho al hijo de “Kike” Teruel que me hiciera un penal porque si no no había forma de que haga un gol. Pero el que agarra la pelota es Guti, que patea y lo erra. “¿Qué hacés?”, le digo. “¡Me hubieras dejado a mí!”. Él se rió, pero la gente empezó a cantar “Gordiiiiiiiiillo…”.

