Lucenti, un "Loco" tucumano en los Juegos Olímpicos
El tucumano Emmanuel Lucenti atrajo la atención de todos ayer desde el imponente ExCel, pero el canadiense Antoine Valois le amargó la jornada y lo dejó sin chances de medalla. Igualmente, “el Loco” cumplió con su meta en Londres 2012.
El lunes a la noche, mientras el tucumano Emmanuel Lucenti trataba de dormirse, trastornado por la ansiedad, recibía un mensaje de texto desde Bariloche. Su compañero de entrenamientos, el que lo ayudó a prepararse hasta la partida rumbo a Londres, le deseaba suerte desde la Argentina.
“Imaginate lo que me cuesta todo –decía ayer ‘el Loco’–. Me entreno con un pibe de 17 años que ahora está en su viaje de egresados. Si hasta el yudogui se lo regalé yo”.
A unos metros, el cordobés Gustavo Pascualini no podía sacarse la bronca. Fue él quien acompañó a Lucenti en las luchas en Londres y compartió con él la angustia de la derrota.
“Así son las cosas… Tanto sacrificio para llegar hasta acá y quedarse tan cerca es triste”, decía después de la caída. Había estado junto al tucumano, al borde del tatami, dirigiéndolo y dándole aliento.
“Trabajo en Instituto, con Jorge Lencina. Soy entrenador de yudo. Emmanuel me pidió que estuviera con él y acá estamos. Es mi primer Juego Olímpico”, se presentaba el cordobés, bajo el pabellón 10 del exuberante ExCel Stadium londinense.
Lucenti estaba exhausto después de su última lucha, la que perdió en el repechaje y lo dejó sin chance de bronce ante el canadiense Antoine Valois; el mismo rival que lo había amargado en el comienzo de los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, aunque no le impidió después subirse al tercer escalón del podio.
El tucumano estaba cansado, pero conforme. “Mi objetivo era el diploma, y lo conseguí. La medalla era… un sueño”, reconocía mientras se sacaba el traje de yudoca y dejaba ver su cuerpo marcado y herido.
"No tengo entrenador desde hace ocho años. Me pago mi propio preparador físico. Son los costos de no querer dejar Tucumán. Vivo en mi provincia, a la que amo, pero es complicado si querés tener algo fuera de Buenos Aires", admitía.
El yudo quizá sea, junto con la lucha, el deporte más dramático de los Juegos. Es un uno contra uno, cuerpo a cuerpo, entre los 22 mejores del ranking mundial. A diferencia de otras citas, como mundiales, en los Juegos está la gloria y un descuido puede hacer desaparecer todo en segundos.
En el contacto directo con el rival, en las respiraciones que se cruzan, en las temperatura de los cuerpos y sobre todo, en la fuerza y en la inteligencia, está su esencia. “Vine desde mi casa, le gané al francés (Alain Schmitt), que es uno de los mejores del mundo, y me vuelvo a casa”, se reía “el Loco”.
Pero era cierto, si vive con su familia en San Miguel, y va todos los días a entrenarse al gimnasio Mega Zeuz, del barrio Villa Luján. “Soy un loco del yudo. Me cuido en todo. Si hasta no voy a hacer trámites al banco para no estar mucho tiempo parado”, explicaba. Claro que aún recuerda aquella vez que viajó a Córdoba, con 50 pesos en el bolsillo, buscando adónde ir a entrenarse. Por algo le dicen “el Loco”.

