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Londres 2014 y los Juegos del alma

Alberto Rantucho es ciego y estuvo en Londres acompañado por su amigo Diego Berman, quien le contó todo lo que pasaba.

13 de agosto de 2012 a las 12:05 a. m.
Londres 2014 y los Juegos del alma
Inseparables. Diego Berman y Alberto Rantucho son de Bahía Blanca y fueron a Londres a vivir los Juegos. “Fue una experiencia hermosa”, dijo Alberto. (Foto: LVI)

Lo vi del otro lado de la tribuna, apenas comenzó el partido. Había un hombre sentado en primera fila, detrás de una bandera argentina, con un bastón blanco en sus manos. A su lado, alguien le iba contando lo que pasaba en el parqué del estadio. Lo vi levantarse, festejar, quejarse, aplaudir. Lo vi vivir el partido que la Generación Dorada perdió ante Rusia, por la medalla de bronce de los Juegos Olímpicos. Y entonces lo fui a buscar.

Se llama Alberto Rantucho y es ciego. Cuando lo encontré, con la derrota ya consumada, estaba parado junto al hombre que le había contado todo el partido. Era su amigo Diego Berman. Los dos son de Bahía Blanca y juntos vinieron a los Juegos Olímpicos a vivirlos, como dos más en la gran Londres. Aunque no hayan sido dos más.

"Fue una experiencia hermosa, poder compartir con mi amigo que tuvo la bondad de bancarme tantos días acá. Antes de venir, en Bahía Blanca me preguntaban a qué iba los Juegos. No se dan cuenta de que hay muchas cosas que se pueden disfrutar a pesar de ser ciego", me dijo después de saludarme y preguntarme de qué provincia era.

Se pueden vivir, cómo no. Lo notaba en sus caras y en sus voces. Ambos, Alberto y Diego, estaban disfónicos después de haber alentado a la selección de básquetbol hasta el último minuto.

Sus voces eran aguardentosas, pero para ellos había valido la pena. “Escuchá cómo tengo la garganta, ja, –me explicaba Berman– Con Alberto somos amigos desde hace mucho. Cumplo el papel de ir ayudándolo a él. Le voy cantando el tanteador y lo demás. A veces hasta le he relatado el partido, jugada por jugada”

Rantucho perdió la vista a los 30 años, pero siguió adelante. Trabajaba en el campo y su vida cambió. Pero no se detuvo. Comenzó a estudiar derecho, hoy es abogado pero al básquet lo siguió amando como el primer día. “Se puede sentir a la Generación Dorada con el corazón”, me aclaró cuando yo, torpe, le dije cómo había visto al equipo. “Pero no te preocupes. No tenés por qué cambiar la palabra ‘ver’ por ‘oír’ porque no tiene sentido”, me aclaró rápidamente.

¿Y cómo se disfruta sin poder ver la acción? ¿Qué pasa por tu cabeza al escuchar los gritos del público? “Cuando veníamos para acá, unos mejicanos me dijeron que los viajes no se viven por lo que se ve sino por las experiencias que se tienen. Y el hecho de estar compartiendo y viviendo los Juegos con la gente, a uno lo contagia. Sé que es muy difícil que un ciego venga a un hecho así, pero yo la recomendaría. Recorrer el parque olímpico o los estadios fue hermoso. Todo a partir de lo que te van contando….”

Juntos tienen un programa en la televisión por cable de Bahía Blanca, y me contaron que están ternados para el premio Martín Fierro del interior. “Lógico –le dije– si son de la tierra donde nació Ginóbili”. Los dos se rieron orgullosos. Para ellos, no hay nadie mejor que “Manu”, aunque esta vez no haya sido posible la medalla.

"Lo fuimos a ver al Preolímpico de Mar del Plata. Y ahora, acá. Esperamos repetir más adelante, pero vaya a saber si seguirá en la selección", agregó Alberto.

No sólo fueron al básquet. Estuvieron en Wimbledon, con Las Leonas, en el Estadio de atletismo y hasta en el beach voley. Dicen que mucha gente se acercó a felicitarlos por haberse animado a venir. Y que eso los puso muy contentos porque les provocó orgullo.

“De Londres me llevo, más allá de los resultados, la sensación de la gente. Lo que se vive en un estadio, que no lo vas a vivir escuchando la radio. No sé cómo describirlo, pero estar en los Juegos fue para mí un logro que no pensé, inclusive cuando me quedé ciego, cuando creía que todo se había terminado”.