La emoción de Crismanich tras conseguir el oro
Tras el Himno, “Seba” no entendió cómo pudo sostenerse en pie. Cumplió su sueño en Londres, defendiendo a Argentina.
Sebastián Crismanich era capaz de quedarse contando su vida toda la noche. Ayer, después de recibir la medalla de oro en taekwondo, de dar la vuelta olímpica al tatami en el Excel y de festejar con su entrenador, Gabriel Taraburelli, quiso contar lo que estaba viviendo. Pero no pudo. "Ver la Bandera y escuchar el Himno fueron las cosas que más me emocionaron. Todavía no puedo entender cómo pude aguantar y sostenerme en pie", aseguró. Y tenía razón porque sus lágrimas se vieron en todo el estadio Excel, gigantes en las pantallas del salón.
"No puedo explicar lo que siento todavía, porque no caigo. Pero creo que cumplí un sueño de muchos", expresó el correntino, de 25 años, que había ganado la medalla dorada también en los Panamericanos Guadalajara 2011, en octubre pasado.
“Hay que ponerse a pensar que muchos deportistas no pueden en toda su trayectoria vivir lo que a mí me tocó experimentar en un segundo. Estoy orgulloso y agradecido”, agregó, entre sonriente y emocionado.
Estaba que no daba más por la rodilla izquierda, donde recibió una patada del español García en la final. “La alegría que tengo anestesió cualquier dolor. Ya tendré tiempo de pensar en el grado de gravedad de la lesión”, contó y agradeció a todos los que estuvieron con él: Tomás Domínguez, Fernando Mantilla, Hernán Quinteros, Taraburelli y también a su familia. “Es mi sostén en todo”, sentenció sin titubear.
"Cuando yo era más chico, mi familia siempre hizo esfuerzos múltiples, a veces sin que yo lo sepa, para vender cosas y costearme los viajes, las inscripciones a certámenes", sostuvo nostálgico.
"Por eso me imagino que ellos estarán más contentos que yo. Para ellos soy el hijo, el novio o el hermano que está cumpliendo su deseo", aseguró Crismanich.
No sabía que en Córdoba lloraban de la emoción y hubieran dado la vida para darle un abrazo grande como el corazón que tuvo ayer.
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