Juan Carlos Reveco, un campeón que espera en silencio
El Cotón, que defiende su título el 6 de junio contra el nicaragüense Félix Alvarado, recordó su infancia en Mendoza y habló del futuro. “Quiero unificar en mosca y subir de categoría”, indicó.
No pudo el trabajo en la chacra, ese que a los 13 años lo llevó a plantar papa y ajo para llenar la olla de la que comían él y sus 12 hermanos. Tampoco la pelea con su manager en 2010, quien tras romperse el vínculo contractual lo puso en jaque hasta obligarlo a dejar el título mundial vacante. Mucho menos el ir de visitante a las difíciles Méjico y Japón, donde se fue con las manos en alto y revalidó su enorme jerarquía.
Juan Carlos Reveco, a los 30 años, está habituado a andar por la sombra. El doble campeón mundial (reinó entre los minimoscas y ahora lo hace en el peso mosca), pese a haber caído una sola vez en sus 34 peleas, en Francia contra Brahim Asloum, jamás logró el reconocimiento de los "Maravilla" Martínez, los "Chino" Maidana o los Lucas Matthysse. Sin embargo, lejos de apesadumbrarse por un presente silencioso, "el Cotón" mira hacia adelante y, a 14 días de su nueva defensa del título mundial de la AMB, le contó a Mundo D los cambios en su equipo técnico y recordó su infancia en Malargüe.
–Estás de estreno…
–Así es. Hemos cambiado el entrenador y ahora me dirige “Charly” (Carlos Humberto) Rodríguez. Estamos laburando a full. Se instaló acá en Mendoza y no le aflojamos con él ni con Diego Giménez, mi preparador físico desde hace varios años. Como fuimos compañeros en la selección nacional, nos conocemos bien. Estoy muy contento.
–¿Qué sabés de Félix Alvarado, el nicaragüense que va a ser tu retador el 6 de junio en Benavídez?
–Estuvimos viendo algunos videos suyos. Es un boxeador fuerte que trabaja muy bien los ganchos al cuerpo. Sabemos que es noqueador (NdeR: tiene 15 nocauts en 18 triunfos y un revés) y que tiene una derrota en Japón. Pero estamos entrenando para que salga todo bien.
–De ganarle a Alvarado, ¿qué sigue en tu carrera?
–Quiero tener rodaje afuera y pelear con boxeadores como “el Chocolatito” (Román) González o “el Gallito” (Juan Francisco) Estrada. Son boxeadores que están muy bien vistos a nivel mundial y me gustaría enfrentarlos.
–¿Pudiste ver la última defensa de Narváez?
–Sí. Creo que el rival le quedó chico. Omar es un fenómeno, pero está para cosas mucho más grandes.
–Así como se habla de Maidana-Matthysse, en Argentina también se menciona la posible pelea entre vos y “el Huracán”. ¿Creés que pelearán algún día?
–Creo que es imposible como lo es la de Matthysse y Maidana, pero la nuestra más todavía porque estamos manejados por el mismo promotor, Osvaldo Rivero. Sería una muy linda pelea, claro. En el 2007 guanteamos cuando me entrenaba para pelear con Asloum. Vino a Mendoza una semana y media creo. Es una excelentísima persona, además de un gran boxeador.
Chiquilín de manos sucias. Se ríe sin sonrojarse. Reveco recuerda con felicidad sus primeros años en Malargüe, cuando debió arremangarse para trabajar con sus hermanos. "He tenido una juventud sacrificada, porque con la mayoría de mis hermanos tuvimos que laburar para comer. Vengo de una familia muy humilde, pero recuerdo momentos muy lindos. Hemos sido felices. Obviamente, sí zapatillas y ropa, pero nunca nos faltó un plato de comida".
–¿Cómo era trabajar a tan corta edad?
–Trabajaba en la chacra, en todo lo relacionado con la cosecha de la papa y el ajo: plantando, limpiando la verdura y demás. Mi viejo estuvo muchos años en Vialidad, hasta que un día lo echaron y vivió un largo tiempo del plan Trabajar y changueando. Por eso apenas terminamos la escuela primaria tuvimos que aportar a la familia. Yo soy el séptimo y había abajo seis hermanos más chicos que ayudar.
–¿Cuánto cambió tu vida desde que te convertiste en campeón mundial?
–Cuando uno es campeón del mundo, la gente cree que uno gana millones en cada pelea, pero los que tienen esa suerte son contados con los dedos de la mano. Más cuando peleás en categorías chicas como la mía. Sí me compré una casita en un barrio cerrado, tipo country. Tengo mi autito y estoy por comprar otro departamento. Vivo bien, pero no para tirar manteca al techo. Si en este momento dejo el boxeo, no estoy salvado. Tendría que laburar para alimentar a Nicolás (10) y Ariel (4), mis dos hijos.
–Pudiste cambiar tu realidad y en el boxeo has llegado a lo máximo. ¿Qué sueño te queda por cumplir?
–Ya me cuesta dar mosca. Mi meta es poder unificar el título de este peso y saltar a los supermoscas para ser campeón del mundo ahí también. Eso tengo hoy en la cabeza.

