Fue todo corazón
Storm Donoso. Ganó el Clásico Ciudad de Córdoba con el jockey Jorge Luis Córdoba.
Por aquello de que los caballos se imponen por la cabeza pero ganan con el corazón es que ayer, en la discreta pero atractiva jornada de apertura de turf capitalino, Storm Donoso se quedó con el Clásico Ciudad de Córdoba.
Una prueba que por derecho propio (y sus 1.500 metros de recorrido, claro) fue el eje sobre el que giraron las 14 carreras que finalmente se corrieron, atento a que en el anteúltimo turno, una cuadrera sobre 300 metros se anuló por falta de ejemplares ratificados.
Más allá de este detalle –para algunos no menor–, la reunión estuvo a la altura de las expectativas, teniendo en cuenta que la última vez que se había corrido en el Alto se remontaba al 2 de diciembre pasado, oportunidad en que se disputó la Copa Utta.
Tal vez fue por esta simple razón que a la hora de abrir un juicio respecto a la convocatoria “burrera”, floreció aquello del vaso medio lleno o medio vacío, aunque con más adherentes a la primera opción.
Así fue que no sorprendió ver a vuelo de pájaro que la tribuna oficial se fuese poblando con el correr de las horas (la primera había empezado a las 11), y que al momento de darle paso al clásico “grande”, el viejo y querido castillo parecía palpitar de emoción.
En cuanto a la carrera en sí, habría que “editarla” exactamente en tres mitades: una en el tramo de la recta del fondo, instante en que se fue acomodando la caballada; otra en el codo de Jardín Espinosa; y la tercera de los 400 al disco, que no tuvo desperdicio alguno.
Y en las tres precisamente, tuvo como protagonista a Storm Donoso y su jockey Jorge Luis Córdoba, por supuesto.
Porque fue el jinete quien decidió que quien fuese héroe del San Jerónimo no se desgastara, ubicándolo a no más de dos cuerpos de Pure Advance hasta los primeros 500 metros, y luego de Cornamusa, cuando el de Joaquín Leda no resistió la disparada y comenzaba a perder terreno.
Ya en la mitad del codo se pudo observar que Córdoba venía como perdonándole la vida al puntero, tanto que antes de ingresar al callejón de los gritos, el látigo riocuartense no solo pasó de largo, sino que le quedó resto como para controlar la atropellada de Alex Harley, que un segundo antes le hubiese resultado fatal.

