En Belgrano, Zapata no lo empata, lo gana
Otra vez. “El Colorado” le dio el triunfo al Pirata en el final del encuentro.
El último zapatazo le cambió el humor a Belgrano. Una vez más, en otro partido complicado y que parecía encaminarse hacia el empate.
Había sucedido dos semanas atrás ante Colón en el Estadio Mario Kempes, y se repitió ayer contra el muleto de Vélez, en el regreso al Gigante de Alberdi.
El cronómetro ya había comenzado a recorrer el minuto 45 de la etapa complementaria y los hinchas de Belgrano no disimulaban su descontento (“Muevan las patas”, gritaban en las plateas).
A esa altura del partido, los jugadores del Pirata eran un manojo de nervios. En el epílogo del juego, Martín Zapata se corrió hacia la izquierda, decidido a liderar el único ataque que le quedaba a la “B”.
El ex Unión de Santa Fe, Instituto y All Boys tomó la pelota, avanzó varios metros, amagó una y otra vez, abrió a la derecha para César Mansanelli y fue a buscar al área visitante el centro bajo del “Hacha”, para meter el derechazo ganador.
El gol fue un desahogo para todos los corazones celestes, después de 90 minutos de poco fútbol adentro de la cancha y de mucha impaciencia en las gradas. Con el 1-0 consumado, el capitán Gastón Turus cayó al suelo y se tomó la cara con sus manos.
Cualquier parecido con la imagen de siete días atrás en la cancha de Newell’s Old Boys de Rosario, es pura casualidad. Esta vez se trataba de un golpe de suerte. Un gesto feliz.
“Colorado” el “14” Al comienzo del partido, los silbidos tuvieron un destinatario excluyente: Ricardo Gareca, el DT de Vélez con pasado “tallarín”.
Después “el Tigre” tendría competencia, en la impostada suficiencia del árbitro Saúl Laverni y en esas pifias e indecisiones de algunos jugadores locales que el público belgranense ya no se banca más.
“Movete, Belgrano, movete/movete, dejá de joder”, se escuchó un par de veces en la popular de la “B”. La reacción de la gente llegó en el segundo tiempo, cuando el piberío velezano se había adueñado de la pelota y el equipo de Ricardo Zielinski no encontraba soluciones a pesar de los cambios de nombres.
Le costó muchísimo a Belgrano generar juego, una vez más. “El Ruso” reacomodo las piezas para liberar a Zapata, pero en esa movida sacrificó al mejor Guillermo Farré.
Sin tantas obligaciones de marca, “el Colorado” trató de mostrar el camino exhibiendo un poco más de determinación que el resto, pero no tuvo socios para jugar. Recién lo encontraría en el cuarto de hora final, cuando César Mansanelli empezó a hacer diferencias por su costado.
“¡Dejá pasar una, Montoya!”, le gritaron al arquero de Vélez con pasado belgranense (“Tengo el corazón partido”, dijo, mate en mano, apenas llegó a Alberdi), cuando ya parecía que la “B” y la “V” iban a terminar este examen bochados con el mismo “cero”.
Pero el dueño de casa despertó tras un mano a mano que Juan Carlos Olave le tapó a Brian Ferreira a los 31 minutos del complemento, y al toque sacó de la galera un cabezazo de Fernando Márquez que Mariano Bíttolo rechazó sobre la línea de sentencia.
A falta de mejores atributos, y sin variantes estratégicas y nominales a la vista, el arresto del final se escenificó “a lo Belgrano”. Y el “Zapatazo” disimuló carencias en un equipo que parece haber olvidado algunos “tips” ganadores que supo seguir al pie de la letra no hace mucho tiempo atrás.
En medio de los festejos y las dedicatorias a Talleres, pensando en el clásico del miércoles, apareció en escena Francisco Cabasés, el histórico dirigente de la “T”. “No soy el espía de Sialle, vine a entregarle un libro a Gareca”, contó “Paco”, de camisa blanca y moñito azul.

