El país de las maravillas
Desaliento. La gente estrujó su entusiasmo mojado más por un triunfo que no alcanzó a redondear una explicación convincente. Así, la cita histórica quedó a mitad de camino.
¿“Maravilla” es ficción o realidad? Cabe la tentación de razonar por el lado del insensato mundo descripto por Lewis Carol (Alicia en el país de…) o de concluir con la contundencia demoledora de lo sucedido.
Todo surge porque quedó el desconcierto general (¿victoria, empate o derrota?) merodeando al cierre del pasaje histórico que Sergio "Maravilla" Martínez intentó escribir para los anales del boxeo argentino, defendiendo su título ante el británico Martín Murray. Todo gira en la apreciación que alcanzaron los acontecimientos. Desde ya, Martínez no estuvo a la altura que su fiesta lo esperaba, pero se deben medir las alturas de las alternativas en juego.
Que la derecha cruzada de Murray se anticipó como un arma mortal en el inicio o que el jab diestro de Martínez impusiera condiciones en el trámite medio, no satisfacen todas las explicaciones. El enfoque más directo es que estuvieron enfrentados, por un lado un peleador sin ángel y, por el otro, un bizarro guerrero forzado al triunfo.
Martínez fue el de siempre, pero esta vez no tuvo la benevolencia de los dioses para acompañar su temeridad. Entonces volvió a empeñar el alma.
Tal vez el cambio de actitud que exhibió Murray por el quinto asalto, saltando del banquito más decidido al ataque, hubiera animado otro ritmo de la cómoda controversia cuando Martínez empezó a ceder peldaños para terminar cortado y derribado en el octavo. Allí fue donde debió cambiar exhibición por obligación, con los créditos físicos acotados. Allí, el argentino abandonó la chance de un rápido desenlace. De pronto perdió frescura y envejeció. Inevitablemente, quedó frente al sufrimiento.
Este Martínez, convencido de tener que introducir el drama en cada combate, no avala el “maravilloso” reino de la corona de peso mediano que lució Carlos Monzón. ¿Cuánto de “Maravilla” quedó en el camino de lo que va de aquel triunfo ante Chávez en septiembre último, a este que se recoge en pedazos después de cada pelea?
Sin embargo, la promesa seguirá en pie. Martínez sigue siendo el campeón y acaba de ganar por la luz de una uña, que el mismo Murray entregó indiferente y abúlico. Correcto y obediente a su rincón, el inglés fue fiel a la flema inglesa, entregando con ello su condición de invicto.
Por estos, lados el capítulo histórico se cierra con un largo silencio. Ha sido dicho que “Maravilla” Martínez no volverá a combatir hasta dentro de un año, cuando ya cuente con 39 años. La mayor hostilidad, que representa Julio César Chávez Jr., deberá esperar 12 meses por la revancha –en su oportunidad, postergó a Martínez un año y medio–.
En el surco de múltiples reflexiones se rescata una que atinadamente, aunque no sin su reconocido egolatrismo, lanzó el propio Sergio Gabriel Martínez en procura de explicar los inconvenientes que tuvo para arribar a un triunfo franco: “Las superestrellas son (somos) así: siempre se mejoran las posibilidades en contra”.

