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Día de la mujer: Me gusta ser mujer (y deportista)

Decisiones de vida. Consagrarse al alto rendimiento plantea momentos críticos e interrogantes. Adolescencia, amistad, familia y el cuerpo… Intereses femeninos que pueden convivir con el deporte.

08 de marzo de 2013 a las 08:20 a. m.
Día de la mujer: Me gusta ser mujer (y deportista)

Ser mujer no se elige. Ser deportista de elite, sí. Por eso, hay que poder conjugar las dos esferas en el camino a conformar un todo, que termine por satisfacer los deseos, necesidades y objetivos globales de la protagonista.

“Soñar con lo que más queremos, aquello difícil de lograr, es ofrecer llevar la meta a su fin, y creer que la veremos cumplir, arriesgar de una vez lo que soy por lo que puedo ser”.

Puedes llegar, el himno oficial de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, fue una de las canciones que más grabada quedó en la memoria del público. Y también en la de los deportistas.

“Arriesgar de una vez lo que soy por lo que puedo ser”. Eso es lo que, tarde o temprano, exige el deporte. Y para las mujeres no es tarea sencilla. Implica separarse de los padres a los 14 años, o dejar un hijo para viajar a competir, o postergar la decisión de conformar una familia o tener un título universitario. En verdad hay tantos ejemplos como deportistas, pero hay ejes comunes a todas.

“Una de las características que reviste la psiquis femenina es su carácter analítico. La mujer no es más emocional, sino más racional. Eso lleva también a que necesite de alguien en quién apoyarse, con quién compartir decisiones”, explica el psicólogo deportivo César Bernhardt, y remarca que al trabajar con mujeres “hay que tener muy en cuenta que el personaje deportista es una parte del todo”. “Hay que balancear la esfera con la totalidad de la persona. El deporte de alto rendimiento es una parte de la existencia de la mujer. Un ejemplo: la deportista cuando quiere ser madre debe discontinuar su carrera”, subraya.

Eso les pasó, por caso, a la exarquera de Las Leonas Belén Succi, a la exatleta Alejandra García o a la exnúmero uno del mundo del tenis Kim Clijsters. Y eso está viviendo ahora la nadadora cordobesa Cecilia Biagioli.

“Estoy en una etapa hermosa. Algunos me cuestionan por qué no esperé hasta terminar mi carrera. Pero creo que este fue el momento, porque así lo decidimos y lo deseamos con mi marido”, asegura la campeona panamericana de aguas abiertas sobre la inminente llegada de su hijo Joaquín, y admite: “Tengo el sueño, y ojalá lo pueda cumplir, de seguir con mi carrera y que mi hijo me pueda ver y me pueda seguir. Sé que va a ser difícil, pero voy a hacer todo para estar en Río de Janeiro 2016”.

A los 28 años, Cecilia lleva más de dos décadas como nadadora y 13 años en la elite. Está feliz con la vida que eligió, y no se arrepiente “de nada”. Pero reconoce: “Empecé de muy chiquita y todo me tomó muy de sorpresa, en especial a los 15 años cuando participé en mis primeros Juegos Olímpicos. Creo que no lo tendría que haber vivido tan rápido. Una chica de 15 años no tiene la experiencia ni la madurez suficiente como para afrontar eso. Extrañé muchísimo, tuve que dejar a mi familia 21 días y lo sufrí bastante. Pero al mismo tiempo fue un paso muy importante para decir que esto es lo que me gusta y me dio frutos”. Biagioli cuenta que le “salió hacerlo así” y no tuvo “que tomar una decisión drástica” ya que el deporte la iba “llevando”.

César Bernhardt lo explica: “En las edades adolescentes, en especial en el caso de las deportistas que pisan el alto rendimiento, es tan alta la orientación motivacional que tienen que ‘esconden’ los intereses comunes de las chicas de esas edades. Es decir que no se fijan tanto en lo que dejan de hacer, pero lo valúan después”.

Así le sucedió a la exgimnasta Antonella Yacobelli. “Dejé el colegio y lo rendí libre. Durante toda la carrera me perdía cumpleaños o fiestas porque al otro día debía entrenar. No me costaba, pero ahora me doy cuenta de que los amigos del secundario no están. O no los tengo. Mis profesoras de Educación Física me decían que tenía que ir a las clases, más por el tema social, y para mí era perder tiempo. A la larga me doy cuenta de que tenían razón”, resume.

Para Cecilia, en cambio, fue “crítica” la etapa que sucedió al secundario. “A los 17 o 18 años es una edad muy crítica porque uno tiene amistades que no comprenden lo que es el alto rendimiento. Me decidí por la natación y creo que no me equivoqué. Pude vivir muchas cosas que si no fuera por el deporte no hubiera podido”, valora.

“Llegar al máximo implica dejar de lado muchas cosas y mucho esfuerzo, además de una madurez mental que por ahí sola no lográs. Necesitás la ayuda de otras personas, el apoyo de tu entrenadora, de un nutricionista, de un psicólogo, de alguien que te empuje”, sintetiza “Tone”, en concordancia con el psicólogo Bernhardt, quien subraya que “a la hora de decidir, la mujer necesita un ‘socio’”.

Poner el cuerpo

La práctica deportiva, junto a la predisposición genética, determinan el biotipo de cada mujer deportista. Pero también hay disciplinas que “imponen” sus reglas. Como la gimnasia rítmica, por ejemplo.

“Antes se veía mucho un retraso en el desarrollo. Se veía una flacura extrema en la gimnasia porque nosotras admiramos el modelo ruso, pero genéticamente nuestro cuerpo es diferente. Ellas casi no tienen cadera, y nosotras tenemos mucha. Eso llevó a una cultura de la híper delgadez, que ahora cada vez se ve menos”, dice Yacobelli, quien dejó de competir a los 22 años y estudió Educación Física.

“Durante los últimos años, después de las vacaciones me costaba mucho retomar. El cuerpo no era el mismo. Siempre que parás se pierde flexibilidad y cuando retomás cuesta: aparecen más dolores y lesiones. Y cuesta más cuando aumentás de peso. Y yo no era flaquita, flaquita, flaquita… Siempre tuve que luchar y ponerme a hacer dieta”, recuerda la actual entrenadora del club Municipalidad.

Durante su época de gimnasta, coincidente con la de otra cordobesa, Anahí Sosa, ver cuerpos de niñas en deportistas ya más grandes era común.

“Para poder menstruar se necesita un cierto porcentaje de grasa, porque a partir de las grasas se forman las hormonas femeninas. Si no se tiene la grasa suficiente se sintetizan menos hormonas, por eso hay deportistas que son muy flacas y que muchas veces dejan de menstruar. Si una niña comienza precozmente con esta exigencia deportiva, puede influir en su desarrollo”, explica Soledad Del Castillo, médica especialista en Ginecología, quien aclara que “esto no va en un detrimento de algo más grave”.