Copa Davis: El compromiso, la fortaleza del equipo argentino
Este viernes arranca la serie de la primera fase ante Polonia y el equipo argentino se tiene confianza gracias a la gestión de su capitán, Daniel Orsanic.
Desde que Daniel Orsanic asumió como capitán en 2015 debió afrontar una realidad: las grandes figuras argentinas que tallaron la Copa Davis en la última década no estaban disponibles. Con Del Potro y Mónaco lesionados, apeló a la segunda línea de jugadores y raquetas emergentes para encarar una competencia que está en el debe del tenis argentino.
Sin figuras rescató un argumento que hasta ahora le ha dado buenos resultados: unió el grupo y sacó todo rastro de preferencias. "\'Dani\' Orsanic está uniendo a los jugadores como nadie antes lo pudo hacer", resaltó el juvenil cordobés Pedro Cachín, citado como sparring. "No hace nada raro. Es mucha transparencia, no esconder nada a nadie y demostrar que todos son parte del grupo", explicó.
Lo cierto es que con el compromiso de Mayer, Berlocq, Delbonis, Schwartzman, y ahora Guido Pella y Renzo Olivo, el equipo argentino avanzó hasta las semifinales en 2015 y este fin de semana tiene una gran chance de meterse en cuartos. Todos ellos se sienten integrados a un objetivo común, y no hay conflictos de roles o por beneficios particulares.
Es cierto que hubo (y hay) una buena dosis de fortuna. En 2015 pasó con susto frente a Brasil (en el maratónico partido de Mayer), se cruzó frente a Serbia sin Novak Djokovic, y le faltó muy poco para meterse en la final frente a una Bélgica que no era ningún cuco.
Este fin de semana, las puertas de la victoria parecen abiertas al no jugar el uno local, Jerzy Janowicz, ya que los otros integrantes del equipo polaco no poseen respaldo de pergaminos: Michal Przysiezny está 318° en la ATP, Hubert Hurkacz es el 602°, Lucasz Kubot figura 609° y Marcin Matkowski directamente no tiene ranking. Es decir las segundas raquetas argentinas son mucho más que los suplentes polacos.
Pero más allá del dato numérico, no es menor que Argentina no presenta hoy por hoy, los flancos internos que antes resquebrajaban su fortaleza. Así, unidos, los jugadores se comprometieron cuando debieron hacerlo, respondieron sin chistar a las convocatorias y pudieron ser competitivos. Una virtud que les permitió aprovechar cada una de las ventajas que los rivales ofrecieron hasta el momento.

