Camila Romero: Quiero ganar Wimbledon o Roland Garros
Vive en Malagueño, tiene 12 años, y es la número uno del país en su categoría. Además es abanderada en el colegio y su familia vende empanadas para costear la competencia.
Dicen que el premio no es el éxito, sino el esfuerzo. Que de él se aprende y se forjan las personas para la lucha diaria. Y si bien a Camila Magalí Romero, tenista de 12 años e ilusiones de grande, algunos logros le han sonreído, sabe mucho de sacrificios. Es que a través de ellos, y un gran compromiso de su familia, amigos, docentes y su entrenador Agustín Tarantino, esta pequeña campeona oriunda de Malagueño lleva el número uno del país en su raquetero.
"Sí, desde enero de este año, cuando gane el Nacional G1 de Mendoza", dice escuetamente. Delgada, simpática, de ojos achinados, Camila desnuda inocencia y picardía. "Estaba jugando con mucha actitud, con ganas. Algunos partidos fueron bastante duros. La más complicada es \'la rusa\', (Anfisa) Danilchenko se llama. Ella me ganó dos veces y yo le gane una", confiesa. Hoy, con el ranking nuevo, Camila es la número uno con 3.030 puntos, casi mil más que su escolta Dana Ferreyra (2.040).
Desde el primer momento, Camila se sintió atraída por el tenis. "Cuando era chiquita, a mi papá jugaba al padel, y a mí me gustaba ir porque al lado estaba la cancha de tenis. Veía que los chicos practicaban, y le pregunté a mi papá si me llevaba, y me dijo que s", cuenta. "Ahí empecé con una profesora que se llama Laura, después con Enzo, con Matías Rocha y con Eduardo Torres, y él me presentó con Agustín (Tarantino)", agrega.
Una familia comprometida. Camila es hija de Iris, ama de casa, y Mauro, chofer de la empresa Macor que une Malagueño-Córdoba; y tiene dos hermanitos, Yazmín (11) y Juan Martín (4). Pero detrás está toda la familia aportando su granito de arena para que ella pueda jugar.
"Ella es buena, muy buenita. Por ahí tiene sus arranques, como toda adolescente, pero es muy responsable y aprende ahí nomás. Termina un torneo, llega a su casa, pide la carpeta, copia todo y las maestras (Alejandra y Silvia) le dan una manito repasando la lección", cuenta "Maruca", su abuela que la acompaña a todos lados.
La cocina es un escenario familiar en donde Camila empieza a costear sus pasos en el tenis. "Hacemos 50 docenas de empanadas por mes. A los pastelitos los hace su mamá, unas 30 docenas, y empanadas árabes. No quiero dejar de agradecer a mi familia que ayuda mucho con la ropa y las zapatillas. Mi hermano Daniel pone dinero para todos los viajes. Es un proyecto familiar, todos ayudamos, es hermoso", completa "Maruca".
Claro que la pequeña tenista también colabora...vendiendo. "Sí, también ayudo, yo reparto. Y las vendo y entrego con mi hermana Jazmín. Voy toco la puerta y me dicen \'hola Cami, como andas!, ¿que andas buscando?\'. Y le digo: \'dice mi mamá si querés empanadas\'. La meto a mi mamá porque sino me da vergüenza. \'Ah, ¿de qué son? ¿árabes?\'. Le digo el precio y me dicen: \'bueno, traeme dos docenas, una, una y media\'", relata.
–¿Y son ricas?–Sí.
–¿No hacés repulgue?–Ehhh, no me gusta cocinar.
La "invertida" de Federer. A la hora de copiar, no busca referentes menores. Camila admira al suizo Roger Federer e imita su "derecha invertida". "Miro a Federer y le copio \'la invertida\', me encanta \'la invertida\' de Federer. Ahora estamos practicando y me sale bien, pero Agustín me dijo que tengo que pegar revés", comenta.
Y si mira arriba a los referentes, también lo hace con sus metas. "Quiero ser profesional y ganar Wimbledon o Roland Garros. Cualquiera. Me siento más cómoda en polvo porque en cemento me cuesta mucho la movilidad de las piernas", argumenta.
–¿Cómo es una semana de entrenamiento?–Los lunes, miércoles y viernes entro a las 8 al colegio y me retiran a las 12 para ir a entrenar. De ahí me voy a Córdoba donde me da Agustín. Llego a las 2 de la tarde, caliento, entreno y salgo a las 5. De ahí me voy a mi casa, tomo la leche, me baño, como y me acuesto a dormir. Estudio cuando tengo tiempo y cuando tengo pruebas, pero cuando llego muy cansada no me dan ganas. Hace una pausa y agrega: "Y los sábado voy a correr sola, cuando baja el sol. Y voy a algún cumpleaños. Los domingos juego con Emiliano Rojas".Su abuela completa el trajín diario: "cinco veces por semana vengo con ella a Córdoba. La traigo en remis porque no hay colectivos directos. El remis nos lo hace de favor un tío de Iris, mi nuera, y nos cobra la mitad, 100 pesos por día. Tenemos unos dos mil pesos en transporte solamente".
Con tantas idas y vueltas, Camila tiene un logro más: es la abanderada del colegio Inmaculado Corazón de María. "Es lindo, este año me eligieron. El deporte me ayuda a estudiar mejor, me hace más ordenada".
–¿Y qué te dicen en Malagueño, Camila?–Al que me cruzo por la calle me dice: \'felicitaciones Camila, vos sos la que juega al tenis\'.
–¿Soñás con el tenis?–Una vez soñé que estaba jugando mi primer torneo internacional, y que perdía con Serena Williams. No sé en qué torneo, pero era internacional.
–¿Te imaginás ganando Wimbledon?–Por ahí.

