
Talleres abrió su práctica en el CARD con socios y algunas ausencias por molestias físicas
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Redacción La Voz
El camino de Talleres en la presente temporada ha sido una transición de la supervivencia a la ambición. Tras haber cumplido el objetivo inicial de clasificar a octavos de final antes del empate frente a Estudiantes de La Plata, el cuadro de barrio Jardín se encuentra hoy ante la oportunidad histórica de dar ese salto cualitativo que su gente y su historia reciente le exigen.
No se trata solo de clasificar porque eso ya lo hizo en el Clausura pasado, tras la emergencia inicial; el objetivo es ser protagonista en las instancias finales, aspirando a definir en el Kempes —posiblemente en un clásico ante Belgrano— y demostrar que la estructura actual está diseñada para grandes exámenes.
La gran ventaja con la que cuenta Carlos Tevez hoy, y que nunca antes tuvo con tanta claridad en el torneo, es la disponibilidad total de su plantel. Aquellas lesiones musculares que marginaron a jugadores clave son cosa del pasado, y hoy la competencia interna es la nafta que alimenta el motor del equipo.
Un ejemplo de esta madurez es la capacidad de mantener la competitividad a pesar de los imprevistos: Tevez logró repetir el equipo dos veces consecutivas, y cuando la suspensión de Augusto Schott amenazó la continuidad, Alex Vigo no solo estuvo a la altura, sino que mostró una versión superadora, sumado a la irrupción del pibe Timoteo Chamorro.
Donde antes el equipo sufría por la falta de nombres, hoy sobran alternativas de calidad. El recambio ya no es una "emergencia", sino una elección táctica deliberada.
Se vio cuando Santiago Fernández y Diego Valoyes debieron salir por molestias. Entraron José Luis Palomino y Valentín Depietri, quien transita el camino hacia su plenitud futbolística. En el área rival, la disputa es feroz y saludable: Ronaldo Martínez (3 goles) compite mano a mano con el juvenil Valentín Dávila (4 goles), mientras que el regreso de Giovanni Baroni recupera esa pegada externa que tanto se extrañaba.
El corazón de este nuevo Talleres late al ritmo de la sociedad entre Matías Galarza y Franco Cristaldo. Ellos son los creativos que permitieron el cambio de paradigma, apoyados en una estructura sólida con un volante de contención como Mateo Cáceres y laterales que no solo pasan al ataque, sino que tienen llegada al gol. Los extremos, por su parte, generan temor en cada arranque, aunque el desafío pendiente sigue siendo la resolución final en los últimos metros.
Atrás quedaron los días de ensayos apurados y la previsibilidad de arrancar con esquemas conservadores para luego sumar delanteros en el complemento. Hoy, la "T" intenta imponer condiciones desde el minuto cero. Se ha potenciado el acto defensivo, las coberturas son más precisas y el equipo ha aprendido a disimular sus errores. Es un crecimiento exponencial para un grupo de jugadores que, hasta el torneo pasado, luchaba por salvar la categoría.
Es cierto que jugadores como Cristaldo y Maidana han marcado la diferencia que se esperaba de ellos, al igual que se espera que lo haga Ronaldo Martínez. Sin embargo, la mayor virtud de este proceso es que Talleres ha podido asociarse. Pasó bastante tiempo de jugar a modo directo para la velocidad de sus extremos.
Esa fluidez en el pase, el abastecimiento constante y el respaldo defensivo son las herramientas que el equipo más necesitará para las finales que se avecinan. El momento de dar el salto es ahora; el potencial está disponible y el plan de juego, finalmente, tiene certezas.