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Los Pumas y una gran fiesta para todos

Celeste y blanco. Una multitud, calculada en 30 mil personas, fue testigo de la histórica victoria de Los Pumas sobre Francia ayer en el Kempes. De la Sota y Mestre asistieron a una cita a la que no faltó nadie.

17 de junio de 2012 a las 10:36 a. m.
Hugo Juárez
Los Pumas y una gran fiesta para todos

Por encontrarse absolutamente a tono con la expectativa que había despertado ya desde el momento en que se anunció su presencia desde la Unión Argentina de Rugby (UAR), ayer el remozado y futbolero Estadio Mario Alberto Kempes lució sus mejores galas ante unas 30 mil almas, prácticamente todas ellas del mundo del rugby, gracias a la presencia de Los Pumas, claro, y Francia, por supuesto.

Porque a fuerza de sincerarse, más allá del romance intacto que existe entre la gente de la ovalada y el seleccionado nacional desde toda la vida, el hecho de que su rival sean los “blues”, actuales subcampeones del mundo, le otorgó un plus a semejante cita.

Esa simple razón, sumado a que la última visita de los dirigidos por Santiago Phelan se remontaba al 2008 –oportunidad en que perdieron ante Italia cuando el “Chateau” todavía era el Estadio Córdoba– produjo un fenomenal efecto dominó entre los incondicionales y los que pretendían seguir las acciones en un lugar cálido y de frente al televisor, para que todo fuese finalmente una fiesta.

La cita comenzó temprano cuando como abejitas de múltiples colores, los espectadores fueron ocupando una a una las “celdas” de la ex descubierta –ahora bautizada Daniel Gasparini– que, sin completarse en su totalidad, fue el lugar elegido por la mayoría para alentar a la escuadra nacional simplemente porque ocupaba el centro de la escena.

Igual, los que eligieron acomodarse en los sectores Daniel Willington y "Luifa" Artime, detrás de las "haches", la pasaron bomba, seguramente.

Es que amén del resultado histórico para los tiempos que corren para el rugby argentino, el hecho de que ayer no participaran del juego aquellos Pumas que brillan en el rugby francés o inglés y que han sido reservados para disputar a partir de agosto el Championship con Nueva Zelanda, Sudáfrica e Inglaterra, no privó a los que sí estuvieron de la posibilidad de guardarse para sí un pedazo importante de emoción.

El tema era estar ahí y ellos cumplieron. Porque se bancaron a morir a un equipo en plena formación, conformado por jóvenes con futuro y que ni siquiera jugaron con la tradicional camiseta a rayas, todo un símbolo de la mística que naciera desde aquel lejano 1965 para acá.

Claro que entre medio de ese ramillete de promesas, la presencia de Felipe Contepomi fue todo un toque de distinción, como que a la hora de elegir al jugador del partido, el doctor fue el distinguido.

Luego, los papelitos plateados y los fuegos artificiales les pusieron el marco ideal a tal magna fiesta del deporte en general y al rugby en particular, con las presencia del gobernador de la provincia y el intendente de Córdoba, incluidos.