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Pumas-All Blacks: la excelencia estuvo vestida de negro

Rendidos a sus pies. Los Pumas y 45 mil argentinos, que se ilusionaron con tener un día inolvidable, debieron resignarse ante el categórico 54 a 15 de los All Blacks, flamantes campeones del torneo en el que Argentina participó por primera vez.

30 de septiembre de 2012 a las 08:15 a. m.
Joaquín Balbis, enviado especial a La Plata
Pumas-All Blacks: la excelencia estuvo vestida de negro
Los Pumas estuvieron lejos de la hazaña en La Plata (Foto: Télam).

¿Cómo se hace para demoler tanto entusiasmo argentino en 80 minutos? Los All Blacks tienen la fórmula, compuesta por las pócimas necesarias para alcanzar a la perfección.

Nadie duda: anoche por La Plata pasó el mejor equipo del mundo, ese que hace un año se consagró campeón mundial, que ayer destrozó las ilusiones pumas y que se quedó con la primera edición de la Rugby Championship luego de apabullar a Argentina por un demostrativo 54 a 15.Cuando todos los que llegaron al estadio soñaban con ser protagonistas de una página inolvidable para la ovalada albiceleste, una de esas noches que justificaran el "yo estuve ahí", hubo que resignarse ante un grupo de hombres vestidos de negro que afrontaron el juego como una verdadera final, hicieron polvo todas las pretensiones, se despidieron aplaudidos y aplaudiendo e invitaron a Los Pumas a seguir participando por escribir una victoria en el historial entre ambos.

Cuando cerca de las 22 el capitán Richie McCaw levantaba la copa, el fresquito viento platense acariciaba los rostros en forma de resignación, aunque los gestos de impotencia ya invadían las tribunas desde mediados del primer tiempo.

Sin hazaña

El rugby argentino afrontó una jornada única, con la esperanza de lograr el histórico primer triunfo ante Nueva Zelanda. Por eso, esperó a los de negros en un estadio impecable, a la altura de los escenarios más deslumbrantes del mundo.

Por eso, la ciudad fue un hervidero ovalado desde las primeras horas de la mañana, alterada por el convite. Por eso, el Ciudad de La Plata bramó cuando Omar Hasán cantó los dos himnos, poniendo mucho énfasis para evitar equivocarse con el visitante y una garganta de oro para emocionar con el local.

Por eso, un par de Pumas se fundieron en uno de esos abrazos que contagian apenas terminó el "… juremos con gloria morir…". Y por eso, el estadio explotó cuando Martín Landajo llegó al ingoal negro apenas ocho minutos después de empezado el partido, coronando una jugada monumental del ataque argentino.

Habría que preguntar si algún sismógrafo registró esa invasión Puma a territorio rival, porque el rugido de las 45 mil personas con el corazón pintado de celeste y blanco fue impresionante. De intentar guardar algo en el cajón de los recuerdos, ese griterío puede ser una de las pocas joyitas.

Pero, lástima, ¡se enojaron los All Blacks! Y desde ese momento comenzó el sufrimiento argentino. Un padecimiento que se tradujo en un cachetazo neozelandés por cada error albiceleste. Aquella ilusión inicial se fue diluyendo a medida que los visitantes acumulaban tries. Se notaba a la distancia en los jugadores vestidos de celeste y blanco, y bien cerca en las miradas buscando alguna explicación de todos los presentes.

Lo que hicieron los campeones del mundo fue confirmar en la cancha la impresión que dejaron con su puesta en escena, que tuvo su punto de inicio cuando bailaron el Haka, ante el silencio respetuoso que al final de la danza se tradujo en un abucheo sin razón, pasando por su imponencia física y finalizando en la contundencia que impusieron en cada acción.

Fue tan sólido lo de los oceánicos, que a medida que pasaron los minutos fueron desgranando con su juego las intenciones de unos Pumas que hacía mucho no perdían por semejante diferencia y que debieron conformarse con algunos arrestos individuales, varias corridas que hicieron levantar a la gente (casi siempre se toparon con paredes negras) y un par de tries marcados a los All Blacks, un mérito, si se puede rascar alguno, porque hacía 11 años que no se invadía por duplicado en ingoal neozelandés en un mismo partido.

Todos sabían que para ganarles a estos monstruos había que jugar el partido perfecto. Que había que dar el 110 por ciento y que, así y todo, se corría el riesgo de que semejante esfuerzo fuera insuficiente. Y la realidad golpeó duro. Los Pumas estuvieron lejos de tener un gran día, en parte por deficiencias propias, y en gran parte, por virtudes ajenas. Por eso, Argentina, que había armado todo para tener un día perfecto, se topó con la perfección vestida de negro: los míticos All Blacks.

Historial. Argentina y Nueva Zelanda jugaron 16 veces, con 15 triunfos para los All Blacks y una igualdad (1985, en Buenos Aires, 21-21). Con Argentina de local, jugaron seis veces.