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Mundial de rugby de Inglaterra: el local arrancó con una fiesta redonda

Inauguración con alivio. Tras una ceremonia simple y emotiva, Inglaterra se esforzó para vencer a Fiji.

19 de septiembre de 2015 a las 09:38 a. m.
Joaquín Balbis, especial desde Inglaterra
Mundial de rugby de Inglaterra: el local arrancó con una fiesta redonda
Impresionante. Antes del partido del debut, el estadio de Twickenham vibró con la ceremonia inaugural. (Foto: AP)

Tai Sankuru es un fijiano casi cincuentón que ayer se peló la garganta alentando a su seleccionado. A Tai fue fácil identificarlo como un originario de esa isla del pacífico porque además de sus rasgos típicos estaba cubierto por la bandera de su país, vestía la camiseta blanca de su selección y aturdió con su “come one Fiji”. Y aunque vive en Inglaterra desde hace 15 años y su novia es una británica de pura cepa, Sankuru desplegó su pasión durante los 80 minutos y después le quedó resto para contar con humildad que solía jugar al rugby y que se iba feliz con la actuación de los suyos.

Tai fue una de las 80 mil personas que ayer se emocionaron en el estadio de Twickenham durante la fiesta y el partido inaugural del Mundial de Rugby. El destino quiso que al local Inglaterra justo le tocara debutar frente a Fiji, un esforzado seleccionado que representa a una unión que tiene justo 80 mil jugadores federados, o sea que bien podrían haber entrado todos muy cómodos en las butacas del mítico escenario, la Catedral del rugby mundial. Ese pequeño país, además, posee casi el 10 por ciento de la población de Londres. Así y todo, los fijianos casi arruinan la fiesta.

La jornada empezó muy temprano con los trenes desbordantes de esperanzados hinchas ingleses. Blanco inmaculado. Ese era el color de sus camisetas, la de la rosa en el corazón, en un uniforme que se completaba con vasos de cervezas en sus manos y una mochilita con el abrigo indispensable para combatir el frío de la noche londinense o los inoportunos aguaceros.

El estadio era una gran caja de resonancia preparada para la ocasión, que tuvo varios picos de emoción, en especial una ceremonia simple pero muy sentida, un homenaje al nacimiento de este deporte, con imágenes de estrellas históricas de diferentes épocas del rugby montadas sobre otras añejas en una secuencia histórica de esta pasión ovalada desde su aparición en el aquel lejano 1823. Y con una patada final que terminó con la pelota clavada en el centro del campo de juego de Twickenham, y luego dio paso a 20 leyendas del rugby de cada uno de los países participantes (con nuestro Agustín Pichot, ovacionado), una guinda como símbolo del espíritu conteniendo adentro la Copa del Mundo y los discursos de bienvenida del príncipe Harry, presidente honorario del comité organizador, y del francés Bernard Lapasset, mandamás del rugby mundial. Después llegó otro momento tremendo, con más de 75 mil ingleses cantando el himno “Dios salve a la Reina” en la antesala de un cruce que se le hizo complicado a Inglaterra, que debe agradecer las históricas licencias del rugby fijiano, con sus desconcentraciones e ingenuidades. Si el rival era otro, ni todos los litros de cerveza que se tomaron les hubiera alcanzado a los ingleses para digerir el mal trago. El 35-11 no reflejó lo acontecido en un juego dinámico y desorganizado.

Además de los fijianos, también se les animaron a los ingleses un grupo de argentinos que les cantaron los clásicos “el que no salta...” y “vamos, vamos, Argentina...” (practicaron para mañana), unos franceses que entonaron la Marsellesa y todos los que no eran ingleses que hicieron fuerza por Fiji. Ellos, los locales, respondieron con un suspiro gigante que llegó a final de un día que quedará en la memoria de la historia del rugby.