Juan Monzón, el rugbier de Villa Libertador que construye su propio sueño
Fue uno de los primeros en arrancar en la "Villa". Hoy, a los 22 años es uno de los estandartes de un equipo que está haciendo historia en el Torneo Emergentes de la Unión Cordobesa. Su historia de vida.
Fue uno de los primeros en sumarse a un proyecto que, nueve años atrás, parecía una quimera. Como el resto de los casi 50 chicos que se juntaron en una placita de Villa Libertador en Córdoba, Juan Monzón no conocía el rugby.
Transcurrieron los años y su curiosidad se transformó en una pasión desbordante por la ovalada.
Hoy, con 22 años, Juan es uno de los integrantes de la primera división de Pueblo Rugby, el equipo que representa a Villa Libertador en el torneo Emergentes de la Unión Cordobesa de Rugby.
Y que hizo historia al conseguir anticipadamente el pasaporte a la Copa de Oro.

Lejos de la realidad de los clubes tradicionales, Villa Libertador hace todo a pulmón. Pero a pulmón en serio.
La mayoría de los casi 30 integrantes del plantel superior trabaja en distintos rubros para poder subsistir. Muchos tuvieron que dejar el rugby para sumar horas de trabajo.
Entre los 13 y los 18 años, Juan jugó al rugby mientras cargaba y descargaba pollos en un peladero.
La vida y el deporte le enseñaron a no escatimar esfuerzo cuando se trata de llevar un plato de comida a su casa.
“Tuve amigos que empezaron rugby conmigo pero se fueron alejando por culpa de la calle. Había uno al que ‘el Leo’ Bigi quería mucho, pero terminó mal y ahora está en Bower”, contó.
Hubo tiempos mejores y peores para el joven back de VLRC. “Después tuve que hacer changuitas, juntar cartón, porque no había nada de laburo. Estuve como seis meses sin trabajo”, relató. Hace poco más de un año entró en Cooperativa Horizonte para trabajar en la construcción.
Aprendió el oficio y le dedicó tiempo y esfuerzo. Así, lo ascendieron de ayudante a medio oficial. Cada hilera de ladrillos se transformó en pasito más rumbo al sueño de tener su casa para compartir con los que lo bancan: sus hijos Teo y Sara, y su mujer Romina.
“Si no llegás con las horas trabajadas te sacan un porcentaje del sueldo, pero si cumplís no te tocan el bolsillo. Yo no falto nunca. Después de aportar tres años vas a sorteo, si no, en unos cinco años espero poder tener mi casa”, contó con los ojos iluminados por la emoción.

¿Cómo es jugar al rugby un domingo y al otro día ir a trabajar a la obra? Juan responde: “El patrón me dice que estoy loco. Los lunes, después de los partidos, llego un poco golpeado. Pero me ve cómo laburo y me dice ‘se nota que sos pendejo, eh. Encima jugás al rugby, es admirable lo tuyo’”.
Además de un gran grupo de amigos, el deporte ovalado le dio la chance de conocer gente de otros clubes y compartir una cerveza en el tercer tiempo.
“Del rugby, lo que más me gusta es el compañerismo, las lágrimas de mis compañeros cuando nos juntamos debajo de la haches. Ahí te das cuenta que cada uno va con sus problemas y gracias al rugby los deja de lado”, cerró.

