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El rugby no es lo que parece

Sólo el 2,1 de los jugadores fichados en el rugby cordobés ha sido sancionado en esta temporada. Un índice de buena conducta en un deporte de mucho contacto físico.

11 de agosto de 2010 a las 11:58 a. m.
El rugby no es lo que parece

En una disciplina deportiva con contacto físico casi permanente, no resultaría descabellado suponer que hay un alto porcentaje de inconductas. Es más, el inconsciente colectivo tipifica al rugby como un juego violento, en el que impera la ley del más fuerte por sobre cualquier otra cualidad.

Las estadísticas que manejan en el Comité de Disciplina de la Unión Cordobesa dan por tierra con tales supuestos. Cuando ya han transcurrido más de las tres cuartas partes de los torneos oficiales de la Unión (primera división, segunda ascenso y juveniles), sobre un universo de 4.250 jugadores sólo 90 han sido sancionados.

Y estos 90 incluyen varios espectadores, por lo que el porcentaje de jugadores expulsados ronda el 2 por ciento. Una cifra menor si se atienden todas las particularidades que rodean a un partido de rugby.

"He arbitrado unos siete u ocho partidos en el torneo local y no he expulsado a nadie. Las amonestaciones han sido por matar el juego o por faltas reiteradas, pero ninguna por juego desleal", dice Javier Mancuso, uno de los dos árbitros profesionales del país, que está pronto a viajar a Inglaterra a dirigir el Mundial Femenino.

En el mismo sentido se expresa Julio Adolfo Deheza, presidente de la Sala A del Comité de Disciplina de la Unión Cordobesa, entidad que este año ha implementado cambios en su estructura de disciplina. "La realidad disciplinaria del rugby cordobés no puede decirse que sea alarmante ni preocupante. Por el contrario afirmamos que el rugby disciplinariamente en Córdoba goza de buena salud", dice Deheza en el comienzo de la columna que firma en estas páginas.

Deheza lleva tres años en Disciplina y ha visto pasar muchos jugadores por el Comité: "El jugador cordobés, el entrenador y el espectador en general ignoran absolutamente la organización del rugby y lo estrictamente institucional. Se limita a conocer el juego en su aspectos reglamentarios, técnica y táctica de juego. Me parece que ve ese aspecto que ignora como algo que es de otra gente; que eso no lo debe o no lo tiene que saber. Su postura en ocasión de concurrir a la Unión a producir su descargo y a enterarse de lo que va a pasar con su suerte es en general sumisa, escuchan y aceptan respetuosamente lo que se les dice. En la gran mayoría de los casos aceptan su error".

Mancuso también tiene un perfil del comportamiento del jugador cordobés en el campo de juego: "El jugador conoce el reglamento, quizá no la letra chica, el artículo o el inciso, pero hay un conocimiento general del reglamento. El seleccionado de Córdoba y muchos clubes viene trabajando con árbitros y eso lleva a un mayor conocimiento reglamentario".

Este índice 2010 sigue la tendencia de 2009 (131 sancionados) y hay que tener en cuenta cuando se leen los números la fuerte presencia de los torneos de ascenso en los últimos años. Se supone, también, que el rugby campo adentro es más virulento, más rudimentario y menos sujeto a las reglas. Así era antaño. La sabia decisión del Comité de Ascenso (Jorge Ferrari y Hugo Tissera) de establecer un sistema de puntuación que premia (o castiga) la disciplina (o indisciplina) encarriló una competencia que se extiende en todo el territorio provincial.

Razones

De los 90 sancionados 2010, 36 han sido castigados por golpe de puño o gresca. "Me da la sensación de que el jugador no hace un 'mea culpa' de esa indisciplina y creo que en eso radica su reincidencia. Ambas salas estamos siendo más severas con eso y el nuevo reglamento también lo es en comparación con años anteriores", dice Deheza.

Valga un dato llamativo aquí: de esos 36, 21 son jugadores de la segunda división.

En cambio, en las expulsiones por protestas o insultos al árbitro, los jugadores de primera llevan una clara ventaja: siete expulsados contra sólo uno de la segunda división. El año pasado los sancionados por agraviar a la figura arbitral fueron 31, lo que indica que han disminuido en esta temporada.

Otras de las sanciones más frecuentes es por "matar" el juego, una acción puntual que en algunos casos obedece a una cuestión estratégica. Y en cuanto a las acciones más violentas, ha habido cuatro sancionados por golpear la cabeza del rival, que recibieron penas de entre uno y cuatro años.

Cierra Mancuso: “El juego ha evolucionado mucho y ha llevado al jugador a jugar y no a pelear. El que se dedica a otra cosa, se come un try”. Así de simple. Hay que seguir jugando, muchachos.

Tackle alto. Esta infracción ha sido castigada con expulsión tres veces durante este año. Las penas recibidas han sido de dos semanas a seis meses.

Igual número de sanciones ha merecido el tackle a destiempo, pero ha sido castigado más severamente: cuatro meses de suspensión. Las infracciones por mal empleo del tackle son varias: tackle peligroso (tres semanas), tackle sin pelota (una semana) y tackle ascensor (dos semanas).

La figura del árbitro. Las sanciones por agraviar a un árbitro son varias: protesta, insulto, no colaborar. Y no sólo alcanza a los jugadores y entrenadores, también al público. Un espectador puede ser castigado por tres años si amenaza a un árbitro. Y un jugador puede quedarse ocho meses afuera si insulta a un árbitro. Un insulto leve es equiparable a una protesta (siempre debe atenderse cada caso en particular): un mes.