Cuando el dolor tiene consuelo para La Tablada
Con la frente alta. “Este equipo ya entró en la historia”, resumió, entre lágrimas, Agustín Rodríguez Araya, uno de los tres entrenadores que tiene La Tablada.
Aquello de que un gesto puede expresar más de mil palabras, calzó como un guante en el preciso instante en que Santiago Sánchez Pulgar anotaba su try para achicar una diferencia que a esa altura parecía indescontable, ya que con sólo recordar el rostro de Ignacio De Bialoskurski cuando se le respondió que no había tiempo para más, la imagen de la desilusión lo pinto de cuerpo entero, como un símbolo de todos aquellos que, a decir verdad, se habían ilusionado por derecho propio.El golpe había pegado directo en el corazón de estos hombres vestidos de azul y rojo que, bañados de sudor, hasta se le piantaron algunas lágrimas.Como las de Carlos Ayala, quien ayer, tras jugar hasta que no diera más, fue reemplazado por Julián D'Amico, despidiéndose para siempre de las canchas de rugby, por lo menos de manera oficial.
“La decisión de no jugar más no tiene retorno, ya que la rodilla me traía mal, de allí que lo tomo con calma. Y a la derrota también, por supuesto. Porque más allá del resultado, se jugó un gran partido. Sabíamos que iba ha ser difícil y que no nos podíamos equivocar. El tema es que fallamos en algunos tackles y ellos no perdonaron. Igual, me parece que todos tenemos que irnos conformes por el papel no sólo en este partido, sino en todo el año”, cerró la charla el ahora ex octavo de La Tablada.
Otro a quien la emoción lo envolvió a la hora de pedírsele un análisis el preciso instante en que la barra del elefante ensayaba su vuelta olímpica a grito pelado, fue Agustín Rodríguez Araya, responsable junto a Javier Caminotti y Nicolás Canavosio de armar el ahora subcampeón del Nacional de Clubes.
"Estos chicos se pisan los huevos", intentó resumir el popular "Gordo" Agustín mirando fijamente a los ojos, mientras que los de él comenzaban a tomar ese brillo natural que acompaña la angustia.
"Estos chicos se pisan los huevos", repitió como para que lo escucharan todos los que lo quisieran escuchar, para agregar que "igual, este equipo ya entró en la historia", para quebrarse definitivamente.
Pese a que las lágrimas lo traicionaban, tuvo tiempo para señalar que hoy (por ayer) había perdido el mejor equipo de Córdoba, “porque pese a haber perdido la final del torneo local, nadie puede dudar que fuimos el mejor del año”, sentenció sin el habitual vozarrón que paseo por las canchas del país.
Quien no tuvo más remedio que responder preguntas obvias, pero necesarias para aquel que no estuvo en Don Torcuato viendo la gran final, fue Francisco Leonelli, previo explicarle a su familia lo que había ocurrido en algo más de 80 minutos de juego.
"Fue muy difícil, ya que ellos juegan muy bien. Digo esto porque pese a que a lo largo del año hemos jugado ante pack tal vez más pesados que los de Hindú, ellos no sólo son grandes, sino que son muy dúctiles con las manos, y eso nos incomodó bastante. De allí que nos costó mucho reacomodarnos, de realizar nuestro juego. Si a esto le agregamos que cometimos algunos errores de manejo y fallamos tackles claves, se entiende el porqué de la derrota", resumió el polifuncional jugador azulgrana.

