Rally Dakar: el calor, protagonista en La Rioja
Cambio de clima. La 10ª etapa se vivió con altos niveles de temperatura que sufrieron los pilotos y los periodistas. El autódromo de la ciudad fue el lugar donde ayer se asentó la caravana.
Un ferné, una botella de agua, una bebida energizante: cualquier opción era válida para combatirlos. Los 40 grados centígrados registrados en plena siesta fueron los invitados no deseados al campamento de la 10ª etapa del Dakar 2013. Un baño, dos, tres… nada era suficiente.
Lejos, en el recuerdo habían quedado el viento de Nazca, la lluvia de Arequipa o la fría noche de Calama. Era el momento de sentir el rigor del verano argentino. El autódromo de La Rioja fue sede del vivac y dejó imágenes que vale la pena describir. Al momento del arribo, sobre la recta principal del circuito, en horas cercanas al mediodía, el calor sobre la pista era una señal inequívoca: sería complicado pasar toda la jornada allí.
La carpa de prensa, diseñada para la ocasión, era muy diferente a las que nos habían recibido en las sedes anteriores. Esta vez se trataba de un toldo circense, sin paredes, como para dejar circular el aire. No fue suficiente. Pronto empezaron los pedidos. Primero de agua, después de agua fría, y más tarde de agua y hielo.
Hasta se pudo ver a un periodista chico con un vaso de ferné en la mano. Sí, todos buscaban su fórmula. Mucha gente optó por desprenderse de algunas prendas y convertirlas en otras nuevas. Fue común ver en el personal que trabaja en la caravana viejas remeras ahora transformadas en musculosas.
Incluso pantalones recortados a bermuda, y hasta alguno que otro que se lanzó y se quedó “en cuero”. Afuera, en el vivac, sobre el asfalto, las promotoras repartían una famosa bebida energizante entre los invitados. Las latas salían como pan caliente, de a montones. “Y eso que hoy hay viento”, expresó una de las mujeres que trabajaba en el servicio de limpieza del lugar cuando le mencionamos lo difícil que se hacía llevar adelante el día.
Ese viento en realidad era una leve brisa que, a decir verdad, para los que no somos de este lugar fue difícil de percibir. Los pilotos también sufrieron. Más allá de la distinta dificultad que para cada uno de ellos pudo haber representado el recorrido de esta especial por los caminos cordobeses, el calor fue un rival extra con el que todos tuvieron que pugnar.
Se pudo ver cómo Paul Smith, ni bien se bajó de su cuadriciclo se quitó el antiflama para mojarse la cabeza por completo. O como Marco Van Geel ni siquiera esperó a ello, sino que inmediatamente después de estacionar junto a su asistencia, pidió agua bien fría.
En fin, a su modo, cada uno intentó sacar adelante una jornada bien distinta a las que veníamos viviendo hasta ahora. Para hoy, según los que saben, en Fiambalá será peor. Habrá que estar preparados.

