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Rally Argentina 2013: Procesión en la Iglesia Santa Catalina

Patrimonio del rally. El primer tramo de la jornada de ayer reunió a los feligreses.

03 de mayo de 2013 a las 08:03 a. m.
Rally Argentina 2013: Procesión en la Iglesia Santa Catalina
Santuario tuerca. La Iglesia Santa Catalina fue el lugar escogido por el público para ver partir a los autos rumbo a La Pampa, como lo hizo Latvala. Foto: Martín Baez

La Iglesia Santa Catalina, declarada Patrimonio de la Humanidad, fue el reducto elegido el jueves a manera de santuario del vértigo para albergar los derrapes controlados de los pilotos del Rally Argentina 2013, que se desarrollaron a escasos metros de su ingreso en la zona de las Sierras Chicas.

El arranque de los tramos dos y cuatro de la etapa congregaron a un buen grupo de espectadores, aunque no a las multitudes de otras ediciones. El público se apostó frente al punto de partida, ávido por fotografiar a los pilotos que dejaron una nube de tierra y un desparramo de piedras en cada salida.

Más adelante, en una pirca que enmarca el ingreso al templo, los aficionados se ubicaron para disfrutar del paso de los competidores por una pronunciada “S”, que permitía ver cómo los competidores la encaraban a puro volantazo y dejaban una estela de piedras que no golpeó a nadie de casualidad.

Una vez que los autos abandonaron la zona de la iglesia, encararon una recta de varios metros en ascenso sobre el final, donde se perdieron de vista. Hubo de todo: admirable manejo de los mejores pilotos, otros que tomaron sus precauciones para doblar y algunos que lo hicieron casi por compromiso.

En ese sector llegó la primera decepción de la mañana, cuando la radio anunció que Marcos Ligato (Subaru) tenía problemas mecánicos y abandonaba. Fue a cinco kilómetros de la partida cuando el cordobés cayó mal de un salto y se rompió la suspensión trasera, dejando inerte al producto nipón llegado de Italia bajo el ala de la Top Run. En el mismo segmento tuvo que dejar la carrera Mariano Storani (Mitsubishi), al sufrir un aparatoso vuelco.

Cuando parecía que todo había terminado, el rugir de los Maxi Rally de Miguel Baldoni y Luciano Bonomi sacudieron la modorra del sector y varios se apiñaron en las pircas para verlos pasar. Fue el telón de la primera pasada.

La pausa de tres horas hasta que volvieran los autos y la cercanía con el mediodía apuró el almuerzo de todos y nuevamente se vieron en las mesas una múltiple variedad de comestibles capaces de suplir al tradicional asado, que brillaba por su ausencia ante la imposibilidad de prender fuego, aunque algunos humos “clandestinos” mostraran lo contrario.

Lo importante es que se comió y se bebió con variedad de tamaño en los vasos de fernet y fue como una gran tregua hasta que viniera el segundo capítulo. Sólo los efectivos de seguridad y de las mesas de control quedaron en sus lugares y el resto se dedicó al almuerzo.

A la hora de los postres volvieron para repetir el ritual de ver en acción a los más calificados y tuvieron una yapa, el trompo y posterior golpe de Daniel Oliveira (Fiesta) casi en el atrio de la Iglesia, que obligó a detener la partida porque el auto quedó cruzado y hubo que correrlo para que el resto pudiera completar el sector. Fue el corolario de una jornada intensa para los tuercas ubicados en el tramo, que sonrientes emprendieron el regreso a casa.

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