Soledad García empieza a despedirse de Las Leonas
La cordobesa Soledad García se fue de los mundiales con una nueva medalla de oro. Sus movimientos en la final fueron seguidos de cerca por su madre, sus hermanas y sus sobrinos.
Valeria García no podía más. En una de las tribunas del estadio mundialista se iba en lágrimas. No podía dejar de mirar hacia el campo, donde su hermana menor, Soledad, se acababa de consagrar por segunda vez campeona mundial. Se tocaba su panza de siete meses y se sonreía sola.Un poco más abajo estaba Verónica, la mayor de las tres. A través del vallado que rodea la cancha le alcanzaba a la Leona a sus dos sobrinos para que den la vuelta olímpica con ella. Como el jueves, cuando habían logrado el pase a la final.Carmen, la madre de las tres, vio el partido en otro extremo. Pero con la misma emoción. Y "Sole", desde adentro, les llenó el alma con su juego, con su entrega, con su garra de leona. Valores que comenzó a internalizar de chiquita, cuando cruzaba la calle para jugar al hockey en el Club Universitario, siguiendo los pasos de sus hermanas. Sus ídolas.Pero el tiempo pasó y "la Sole" de la "U" se convirtió en Leona, en la mejor jugadora del mundo joven, en goleadora, en triple medallista olímpica y en bicampeona mundial.Adentro del sintético rosarino ella también lloraba. La sensibilidad la destacó siempre. Así como sus encares al área, cabeza gacha y objetivo fijo.Pero ayer, por su cabeza, pasaban otras cosas. Después de ser integrante del mítico equipo que le dio nombre felino a la selección nacional y de haberse mantenido por 10 años en lo más alto del mundo, "la Sole" se cuestionó su continuidad en Las leonas.
Sus pilas se estaban apagando. Su cabeza también. Pero su talento seguía intacto y sólo debía convencerse de lo que podía dar. Y lo hizo. Y tuvo tan férreas sus ideas que en Rosario entregó uno de los mejores torneos de su vida.
Y ayer, en el 3-1 ante Holanda para consagrarse campeonas del mundo, no fue la excepción.
Soledad García, la única cordobesa integrante del emblemático seleccionado nacional, entró a la cancha convencida de que se llevaría el triunfo. Y por eso, guió el ataque argentino desde el arranque.
Se quería ir de los mundiales con la seguridad de haber entregado todo. Porque aunque el tiempo la puede hacer cambiar de idea otra vez, ya dijo que esta sería su última participación ecuménica. Pero no su último torneo.
Y deja las Copas del Mundo con 23 partidos, 10 goles y una enormidad de asistencias y córner cortos generados. Porque eso también signa su juego. ¡Y con un bochazo en el palo derecho de la arquera holandesa que le negó despedirse con 11 tantos!
Y también deja los mundiales con la tranquilidad de saber que hay futuro. Que además de juego le dio a sus compañeras la clave para saber ser leonas. Les supo transmitir el orgullo por defender la camiseta nacional, con la garra que caracteriza al único seleccionado que pudo graficar que "lo difícil no es llegar, sino mantenerse". Porque cumple una década en la cima."Ya está. No queda nada, todo lo sañado casi que lo conseguimos! Una final más, orgullosa de pertenecer a este momento!!! Feliz de ser parte de este equipo, Vamos Argentina Carajo!", puso en su cuenta de Facebook "la Sole" antes del partido.Y la gloria estaba tan cerca que ella misma dirgió a la tribuna en la cuenta regresiva para poder gritar que el sueño se había hecho realidad. Que el objetivo estaba cumplido."Nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno" y un abrazo irrepetible entre Las Leonas. Un llanto interminable, un aplauso inquebrantable, una sensanción intransferible y un grito irremplazable: "Dale campeón".

