Las Leonas siempre serán de oro
La selección argentina de hockey no pudo con el poderío de las chicas holandesas, perdieron 0-2 y sumaron la cuarta medalla albiceleste en su historial olímpico: dos de plata (Sydney y Londres) y dos de bronce (Atenas y Beijing).
El pómulo de Mariela Scarone sangraba. La imagen, dramática, conmovió a todo el Riverbank Arena cuando todavía Las Leonas estaban vivas. Fue en el primer tiempo, con Holanda agazapada y con una selección argentina que parecía prepararse para una épica de película. Pero no hubo alegrías y la sangre terminó siendo una herida. Las chicas perdieron 2 a 0 la final y no llegaron al oro en Londres.
Otra vez, tan cerca. Otra vez la medalla dorada que no llega a un equipo que la busca desde hace 12 años. Pero no puede. No pudo Luciana Aymar, que anoche estuvo lejos de su mejor versión y cayó en la fricción, en los insultos, en las quejas de la impotencia. Ni alcanzó el esfuerzo de Macarena Rodríguez, ni tampoco las atajadas de Florencia Mutio. Todo fue de Holanda que ya es, definitivamente, la bestia de nuestra selección.
Dolían las banderas azules, blancas y naranjas desplegarse por las tribunas del inmenso estadio. Dolían las lágrimas de las argentinas, imposibles de consolar ante tamaña desolación. Era la final de la final, pero también el comienzo de la despedida de la mejor jugadora de todos los tiempos. En el día de su cumpleaños (que, lamentablemente, no olvidará) Luciana Aymar inició su retiro, aunque aún no se sabe.
Este equipo nunca ha ganado una medalla de oro. Parece una pretensión desmedida, pero por su historia merecería llegar a tenerla. Ha cambiado la historia del hockey en Argentina y se ha convertido en nuestro más digno representante, junto a la Generación Dorada, en los Juegos Olímpicos. Sin embargo, al básquet se le ha dado y las chicas, no.
Carlos Retegui también estaba quebrado. Había elegido usar la camiseta de la selección argentina, quizá como demostración del momento que enfrentaba. Era su equipo el que jugaba la final; su equipo en el sentido más amplio, concebido con la convicción de que una de las máximas referentes de Las Leonas, como lo era la cordobesa Soledad García, no debía estar. Apostó y llegó casi a la gloria, pero se quedó sobre el final.
Anoche, Las Leonas fueron un equipo desbocado y ansioso, decidido a ganar pero guiado más por el corazón que por la cabeza. Holanda se frotó las manos. El argentino Maxi Caldas, DT de las "Naranjas", sabía que era el planteo perfecto. Jugar con la desesperación, para después no desaprovechar ninguna chance. Así lo hizo y en dos cortos llegó la definición. Los goles los hicieron Carlien Dirkse a los 10 minutos del segundo tiempo, al aprovechar un rebote después de una gran atajada de Florencia Mutio, y Maartje Paumen, cuando quedaban nueve para el final.
Retegui siguió gritando para que sus jugadoras echaran el resto, y las chicas fueron hacia el arco holandés, con el amor propio que les quedaba. Fue el final de una historia que no tendrá final feliz, al menos por ahora. Aymar dejará su marca en un equipo que marcó un antes y un después en el deporte nacional. Porque, a pesar de que el hockey no es un deporte masivo, Las Leonas lo convirtieron en causa nacional y lograron crecer hasta tener su lugar en la historia. Aun sin haber sido campeonas olímpicas. No siempre las victorias enseñan tanto como las derrotas.

