Cachito Vigil: Maternidad y desarraigo son momentos difíciles
El gran coach que tuvieron Las Leonas habla del trabajo con las mujeres.
El trabajo de Sergio Vigil como DT de la selección femenina de hockey dejó una huella en el deporte nacional. Con “Cachito” nacieron Las Leonas y marcaron el comienzo de una exitosa época para la actividad del palo y la bocha en esta parte del mundo.
Su simpleza, su carisma y su llegada hacen de “Cacho” un ejemplo de entrenador. Al menos los resultados obtenidos, y el respeto y el afecto que se ganó entre sus dirigidas, así lo demuestran.
Y él lo disfruta. “A mí me encanta entrenar mujeres por dos cosas: por su sensibilidad y por su lealtad. Cuando la mujer es respetada y valorada es un ser de una lealtad impresionante”, dice.
–¿Qué valores tenés en cuenta cuando trabajás con mujeres?
–Lo primero, es que los varones no podemos exigir que en el deporte desarrollen las cosas como nosotros. Desde lo estratégico, cuando se plantea algo, la mujer lo hace a rajatabla, y le pone detalle a una charla técnica. Percibe los detalles, los sentimientos. A eso hay que aprovecharlo y estimularlo, porque permite un espacio de crecimiento. A la mujer hay que valorarla por lo que es.
–¿Cómo afectan los cambios de ánimo de la mujer?
–La mujer es ciclotímica por una cuestión fisiológica: tiene ciclos. Eso repercute en su estado de ánimo, en su situación física y es en esos momentos donde cada una responde diferente. En ese instante hay que apoyarse en algunos líderes del equipo que te van enviando información. Cuando me tocaba entrenar, por ejemplo, Vanina Onetto me decía: “’Cachito’, tené en cuenta que tal persona no está bien”.
–¿Cuál considerás que es el momento más crítico en la vida de una deportista?
–Hay un momento muy difícil que es después de los 26, 27 años, cuando está en su mejor momento deportivo pero también en el momento ideal para ser madre. Si en esos momentos la jugadora tiene una pareja estable, vive un momento delicado porque el tener familia la aleja de la alta competencia, pero también la alta competencia la aleja de tener familia.
–A vos te tocó estar con Soledad García cuando se fue, muy pequeña, a Buenos Aires… ¿Cómo vive ese momento una deportista?
–El desarraigo es un momento muy difícil, sobre todo para una mujer. Se va a los 14 años y tiene que vivir sola o con otra compañera. La mujer necesita el espacio para tener con quien charlar. Es muy importante la contención. Necesita sentir que la persona se está ocupando de ella. A mí me ayudó Marcela, mi esposa, que me decía que las lleve a comer a casa y ella les preparaba las milanesas. Para las jugadoras, ese momento de hogar, en familia, era sumamente importante y las ayudaba a continuar. En esa edad es muy difícil, porque puede ser una experiencia muy enriquecedora o puede ser muy mala y que ahí se termine el sueño deportivo. Hay que cuidarlas mucho.

