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El día que todos fuimos Cabrera

Ángel Cabrera lo hizo otra vez. Gracias a él, el golf volvió a ser revolución y a paralizar corazones a lo largo de todo el país. No logró su tercer Major, pero se consagró a nivel mundial y seguirá siendo nuestro campeón y maestro.

14 de abril de 2013 a las 09:38 p. m.
Redacción La Voz
El día que todos fuimos Cabrera
Puro corazón. Cabrera demostró que está intacto y se consagró ante los ojos del mundo. (Foto: AP)

No pudo ser. No pudo ser y se nos rompió un poco el corazón a todos. Pero este domingo, 14 de abril de 2013, quedará en la memoria del deporte argentino y del golf mundial. Fue el día en que todos fuimos Ángel Cabrera, cuando hasta el más lejano al golf se hizo experto, cuando el más tranquilo se hizo hincha fanático, cuando el golf fue el centro del mundo deportivo.El dolor pasa, y siempre que miramos atrás recordamos con una sonrisa los buenos momentos. Esto pasa rápidamente con nuestro Pato. Adam Scott le ganó bien, jugando un gran golf, pero lo que nos regaló Cabrera fue una demostración del coraje de los grandes campeones. Miramos un poquito atrás, cuando Scott embocaba ese tremendo putt en el 18 y pensamos lo que habrá pesado ese hierro corto en las manos del cordobés. Y recordamos el tirazo que pegó. Y sonreímos. Y agradecemos.La suerte no quiso que ganase el nuestro, pero vimos en su sonrisa, en su goce durante toda la semana que no necesitaba ganar, que lo suyo estaba hecho con demostrarle al mundo su talento, su enorme coraje y que todavía estaba vivo.Cabrera pasó desapercibido ante los ojos del golf mundial cuando se apagó el fuego de su segundo Major, de su primer saco verde. Pero se garantizó que eso no volverá a pasar. Su lugar en el ranking mundial o sus números de los últimos años no serán buenos pero las grandes citas construyen grandes campeones. Allí es cuando El Pato se hace inmenso y demuestra que no importa ningún número sino el tamaño del corazón. Y cuánto corazón tiene este Pato.Difícil es para cualquiera imaginar los niveles de presión que debe soportar un golfista en esa posición, sabiendo que un centímetro de más o de menos puede cambiar su vida para siempre. Eso enaltece lo logrado por Cabrera. Sólo basta pensar los nervios que pasamos todos al verlo por TV, internet o seguirlo por Twitter. Ni hablar lo que sufrimos aquellos que vivimos el golf con la pasión de cualquier futbolero de alma.

El triunfo no era vital, era la frutilla del postre. El golf argentino necesitaba un triunfo, un nuevo héroe para seguir creciendo, para que se miren en un espejo los que sueñan con llegar al profesionalismo. La actuación del hombre de Villa Allende hizo que no hiciera falta la victoria porque el héroe sigue vivo, intacto y más grande que nunca.Te lo robó Scott, Pato, pero en nuestros corazones seguirás siendo el mejor, el campeón, el maestro.

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